lunes, 6 de agosto de 2007

Furia, odio, ira y otras cosas humanas (PT1)

-Su nombre por favor, debe ser registrado para que cuente en la sesión con los jueces de libertad condicional.-Decía el doctor psiquiátrico de la prisión, hombre anciano ya, con su rostro acostumbrado a los embaucadores y mentirosos que solo desean quedar bien ante los que los dejarán libres o los mantendrán cautivos hasta 20 años más..

La habitación maltratada, pequeña, con los colores grises del cemento envejecido no se diferenciaba mucho de las celdas acepción de la ventana de vidrio opaco con rejas que daba a afuera, los cuadros en las paredes, el diván, el escritorio y que en vez de una reja tenía una puerta de madera oscura con un vidrio emblanquecido y el nombre del doctor en letras pequeñas y negras de las cuales solo quedaban el Dr y las primeras tres letras del nombre del doctor.

-Jhonn Mario Soto Villalobos, numero de reo 1254648, encerrado en 1989, acusado de robo a mano armada, violación, intento de asesinato y resistir al arresto. ¿Algo más que deba agregar en mi presentación doctor?.

Este era un reo especial, un hombre que después de tanto tiempo y encierro no tenía ni el más mínimo respeto por la autoridad, en su cara había un cinismo espantoso, podía matar a quien quisiera en esta prisión y lo sabía, no le importaba en que le extendieran su condena, ya se había habituado a la prisión. Recostado en el diván café, con una camiseta completamente blanca y un pantalón de mezclilla azul, viejo derruido por el uso y unas sandalias.

El doctor revisa la grabación para ajustar el sonido sin importarle la expresión del reo, pero a Jhonn si algo no soporta es que lo ignoren y su cara demuestra ese enojo. Saca el cigarrillo y lo enciende si consultar antes al doctor, y lo mira con desprecio, casi se pueden oír sus pensamientos: “podría fácilmente romperle el cuello, solo me tomaría un segundo”. En ese instante el doctor sin verlo le dijo con completa frialdad mientras se levantaba hacia la ventana:

-Apague el cigarro y recuerde que hay 3 guardias armados afuera de este cuarto por si se le ocurre alguna gracia, todos ellos con órdenes estrictas de disparar si ocurriese algo.-El doctor ni siquiera volteo a mirarlo mientras que pronunciaba su amenaza.

-Como quiera doctor-Jhonn apago el cigarro en su brazo izquierdo y lo guardo pensando que así demostraría que tan fuete era como si tuviera que demostrárselo a ese hombre que estaba enfrente de él pero que no lo había visto desde el momento que entró.

-Como sabe van hacer revisión de su caso mañana así que tengo que dar un veredicto sobre su estado mental en estos 18 años de encierro para ver si esta listo a integrarse a la sociedad. ¿Cree poder hacerlo?

-Hacer ¿qué?-Jhonn se había perdido durante un segundo para no pensar en el dolor de la quemadura que se acaba de causar a si mismo.

-Integrarse al mundo, ya olvido su enojo, su furia, su odio hacia la humanidad y hacía si mismo.

-¿Como voy a dejar lo que me ha sustentado por tantos años? doctor, sería abandonar aquello que me inspira a vivir. –Jhonn hablaba en serio, en la prisión quien no pisotea es pisoteado.

-¿Pretende salir de aquí con una actitud llena de violencia?, déjeme decirle señor Soto que el odio es una emoción autodestructiva que no conduce más que a dañar todo lo que amamos y a nosotros, lo digo como persona y como psiquiatra señor.

-Creo que usted no entiende la diferencia Doctor, el odio es lo que evita que este lugar me tome, que me quite la vida, lo odio tanto que jamás me permitiría por mero orgullo, ser parte como los demás de él
-¿Quiénes son ellos?, ¿sus compañeros reos?- El doctor esperaba una respuesta paranoica como en muchos casos anteriores sobre el maltrato de unos reos hacía otros.

-Como todos, señor, como usted que es un adorno más en esta habitación, como ese guarda en la puerta que piensa solamente en acabar con la vida de alguien y luego ir a su casa a comer con su esposa e hijos, como los que viven en las celdas y solo piensan en vengarse, ya hace mucho que supere eso.

-¿Cómo lo supero?-El doctor esperaba una historia cristiana conmovedora como ya había escuchado cientos de veces de hombres que encuentran su camino a dios, pero nunca espero la respuesta que iba a escuchar.

-La biblioteca de la prisión apesta ¿sabe?, antes de venir aquí me dejaba llevar por la ira, por los arrebatos de emociones que me parecían incontrolables, pero aquí empecé a leer, pasaba mucho tiempo leyendo por que cuando entre aquí solo se podía o escuchar radio o pelear con los otros, con mi fama de agresivo nadie quería pelear conmigo y como no me gusta la música pasaba mucho tiempo sin hacer nada hasta que un día un niño de los que cunando cumplen la mayoría de edad los encierran por que son pobres y tontos me dio un libro que se llamaba “El arte de la guerra”, lo primero que pensé sobre ese libro es que aquí era una mala idea tenerlo con este tipo de gente y no pude evitar curiosearlo.

-¿Qué te gusto del libro?-El doctor nunca ha leído ese libro.

-Es de estrategia, no de guerra, como en la vida o en el combate siempre hay que buscar ventaja de cualquier modo, como “El príncipe” de Maquiavelo, pero versión oriental. Es muy bueno se lo recomiendo.

-¿Qué más ha leído desde entonces?-El doctor lo mira directamente sin que Jhonn se percate, un poco asombrado ya que son muy pocos los reos que leen.

- Casi toda la biblioteca, novelas, filosofía, historia, psicología, matemática, etc. Descubrí que en medio de sus páginas podía ser libre, pero cuando terminaba de leer, volvía aquí, y mi odio hacía este lugar crecía, por que me di cuenta que el mundo es enorme.

-¿No sabía antes que el mundo era basto acaso?, según su expediente usted se graduó de secundaria, ¿Qué paso en todos esos años de estudios?

-Amenace a varios profesores, golpee a muchos de mis compañeros, seguía hiendo por que no odiaba a la gente que estaba ahí, de hecho de ser una situación diferente habría hecho muchos amigos, pero esa rabia irracional era causada por mi padre, las tundas que me daba día tras día por cosas que eran obvias para el pero no para mí.

La verdad a él aún lo odio, murió hace años pero aún lo detesto con todo mi corazón y a mi madre por que nunca hizo nada para defenderme, pero de nada vale que los odie, sus errores ya los pague yo, así que no hay mucha diferencia. Ahora solo quiero curar heridas, ve doc ya le ahorre como 50 sesiones, odio a mis padres.

Jon sonríe sin reservas con carcajadas entre abiertas, el doctor esta asombrado con la rápido que se abrió a el, normalmente los reos solo cuentan sus historias tristes y luego se van sin arrepentirse de lo que hicieron, más bien como si su vida fuera una justificación para sus crímenes, pero parece que Jon es consiente de todo lo que hizo y el doctor esta asombrado.

-Dígame una cosa, ¿se arrepiente de haber cometido sus crímenes?- El doctor esta intrigado sobre saber como piensa este hombre que parece más dócil de lo que pensaba.

- No me arrepiento de haberle quitado algo que necesitaba a alguien, de los robos no, solo robe a gente avariciosa, no es que yo no lo fuera, solo que nunca le hice daño a nadie en ese aspecto, de la violación si me arrepiento por que ahora entiendo que hice, antes creía que mis necesidades tenían que ser inmediatamente satisfechas, que sin sexo el hombre no es hombre sea por las buenas o por las malas, ahora se que lo que le hice a esa mujer no tiene nombre y que si hubiera pena de muerte la merecería.

El doctor esta asombrado, ese hombre es el primero en toda su carrera que dice merecer su castigo y aún más, nunca en tantos años había visto a alguien llegar a esa conclusión.

-Si me permite preguntarles señor Soto, ¿si la encontrara el día de mañana que le diría?-El doctor esta intrigado con este hombre y se recuesta en la ventana mirándolo para no perderle un movimiento. Él se encontraba recostado en el diván con las manos entre lazadas detrás de la cabeza, mirando hacia el techo.

-Ya me le adelante doctor el año pasado le envié una carta disculpándome y pidiendo perdón por lo que le hice. Ella nunca respondió, pero la entiendo, en su lugar hubiera hecho lo mismo. El odio que siente por mi espero que le sirva de inspiración para seguir con su vida.

El doctor no haya palabras para preguntarle a ese hombre tan poco ordinario que lo llevo a hacer ese acto, solo piensa: “¿Cómo aquí este hombre pudo convertirse en una persona tan diferente a la que entró?”

continuara....

Marco "más humano que nunca" Barrios Piedra

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