martes, 14 de agosto de 2007

Pinceladas disímiles. Lo bueno y lo malo de la evolución del conocimiento

Durante toda la historia de la humanidad, El ser humano ha sido testigo de una gran cantidad de eventos trascendentales en el tiempo y el espacio; eventos que como tales le han permitido forjar lo que hoy se conoce como Historia. Desde el nacimiento de la razón en la antigua Grecia, La filosofía, la ciencia y la religión, han tenido como objetivo proveernos de respuestas para nuestras incesantes preguntas. Oh al menos lo intentan.

Sin embargo la búsqueda de la sabiduría no a sido gratuita. Pues mucho a tenido que lidiar el hombre para llegar a consolidar su conocimiento.

En la Grecia clásica; Sócrates entrego su vida para evitar que su ingenioso verbo fuera truncado. Y así continuaron sus ingeniosos discípulos.

La aparición de aquel carpintero de Galilea, daría cabida al nacimiento de una nueva religión.

La llegada de la edad Media, trajo consigo un debate crucial para la epistemología humana. La Eterna cuestionante acerca del poder de Dios en la Tierra, en contraposición de la infinita Razón humana, sería el detonante de toda una nueva revolución del devenir cognoscitivo.

Hasta este punto todo parecía bien… No obstante, la cerrada visión teo-céntrica del poder eclesiástico, también fue la causante de más de 100 años de hermetismo ideológico.

¿Que respuestas teníamos ante la truncada visión que nos daba la Religión, de nuestro mundo? ¿Acaso la caída de los grandes imperios Romanos marcaron el inevitable final de la riqueza indiscutible de la antigüedad?

Por suerte para nosotros la respuesta fue No (Aunque no pasara de ser una cruel jugarreta).

Los horribles eventos perpetrados por la Iglesia, Nos ayudaron a dar los primeros pasos de lo que sería la nueva etapa de la historia humana, y catapultaría los elementos fundamentales, del pensamiento moderno.
Al finalizar el Medioevo; se suscito un evento que cambiara por completo la concepción cultural del mundo: El Renacimiento.

Ese Período histórico y cultural, comprendido entre los años de 1350 y 1600 que constituirá el punto clímax del conocimiento ya antes mencionado. Muchos entienden por Renacimiento, como ese espacio en donde se da una completa transición entre el conocimiento antiguo y el de la época Moderna. Todas las ideologías y formas de pensar del hombre, dieron un giro sorprendente en pro de una “nueva cultura que renace del pasado”. Pero ¿que clase de “Renacer” es ese que nos propone este periodo? La respuesta yace en el echo de darle al ser humano la posibilidad retomar parte de aquel conocimiento perdido durante la Edad media, ampliando los cánones del intelecto, la ciencia, el arte, ética, política y demás, encerradas en un eje Antropocéntrico del “ser Humano como todo”.

Cuan bello hubiese sido esto, de no ser porque nuestra estupidez reino mejor donde nuestra astucia perdió la corona.

Aquel conocimiento del que estuvieron orgullosos los grandes filósofos de antaño, estaba destinado al lienzo y la tinta de la gloria; pero termino convirtiéndose en pólvora y balas para el egoísmo. Mientras que la “perfecta” ciencia que tentaba los acertijos de lo desconocido, fue forzada a obrar como herramienta de la locura. De Dios no se preocuparon. Pues ahora paso a ser poco menos que un adorno.

Bienvenidos a la época contemporánea.

Claro que hubo muchos que pudieron salvarse, No obstante estos quedaron solos ante ese monstruo imparable que trajo consigo la Burguesía.

Esta nueva línea contemporánea trajo consigo un hombre que lejos de querer enriquecer a su sociedad con su aguda mayéutica, prefiere embaucar a los suyos con monsergas políticas y bribones agricultores de la economía.

Atrás quedarían los conflictos de antaño y los castigos inquisidores, ya los problemas sociales y las manipulaciones de masas serían la nueva moda.


Fue de esta forma como la ambiciones sin límites de Maquiavelo, el temor a la eternidad de Calvino, el culto al saber y la razón por parte de Bacon y las dudas metódicas de Descartes reducirían al conocimiento a solo números y monedas…

Y ante estas disímiles he irónicas pinceladas del devenir del conocimiento, parta aquellos que aun guardamos un poco de fe en el cambio, solo nos resta esperar la llegada de un nuevo Renacimiento (que no sea para mal, claro).

Sendoshi Kurumada

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