martes, 12 de junio de 2007

Los Gatos en Japón

¡Buenos días! Otro día más que comienza, y por dicha ya mi salud está mejorando.

Navegando por ahí me tope con este artículo que me oparecio muy interesante. Echenle una ojeada:


Los Gatos en Japón

El gato doméstico ha sido una popular mascota en Japón desde hace siglos. Este felino es tan popular que se le puede ver en todas partes. Si usted se encuentra con uno en una esquina, probablemente no lo recordará. Son tan numerosos que la gente apenas sabrÍ­a recordar algún detalle y menos si tienen o no la cola larga.

Además de los domésticos, también hay gatos errantes desde los bosques de Yanbaru, la sub tropical Okinawa o en el distrito comercial Ginza de Tokio, hasta en la solitaria isla de Teuri en la costa norte de Hokaido, un famoso lugar de aves marinas.

Estos gatos errantes se buscan la vida por ellos mismos, pero ciertamente no tienen nada que ver con el gato salvaje japonés (yama-neko).


Existen dos especies de gato salvaje en Japón: el Amur yama-neko y el Iriomote yama-neko, y ambos son radicalmente distintos del gato doméstico. El gato doméstico no es nativo de Japón; fue traido de China en algún momento del pasado.

La referencia mÁs antigua del gato doméstico es un dibujo encontrado en una tumba egipcia que data del 1600 a.C. El dibujo ha conducido a la teorÍ­a de que los antiguos egipcios ya habÍ­an domesticado el gato salvaje libanÉs. Se dice que el gato doméstico llegó por primera vez a Japón en el 538 (o 532) d.C. Y es generalmente aceptado que los gatos fueron introducidos en el paÍ­s al mismo tiempo que el budismo, para proteger los textos sagrados del deterioro producido por los ratones. Los estudios genéticos indican que el gato doméstico probablemente llegó a Japón procedente de India, a travÉs de China.

El primer testimonio definitivamente japonés se encontró en un diario que poseí­a el Emperador Uda (867-931). Su color era negro y a travÉs del diario parece claro que fue traí­do de China en el año 884. El primer nombre de gato registrado en Japón es Myobu no Otodo, que significa Camarera Real del Palacio Imperial.
Este sonoro nombre aristocrÁtico le fue dado por el Emperador Ichijo (980-1011). Esta gata poseía un rango especial en la corte, y las camareras de palacio tení­an encomendado su cuidado.

Según datos de aquel tiempo, los gatos del Palacio Imperial llevaban un collar rojo con una chapa blanca y se moví­an por donde querí­an. El primer dibujo japonés de un gato data del siglo XII. Fue dibujado por Toba no Sojo (1053-1140). Forma parte de un conjunto narrativo, llamado Chojugiga, que muestra tres gatos rayados con sus largas colas, jugando con otros animales, como ranas, zorros y conejos. Parece por ello que los gatos ya eran populares en Japón en aquel tiempo. Una vez que los gatos domÉsticos fueron comunes en todas partes del paí­s, se les dejó de ver como un animal exótico proveniente del exterior. Japón se mantuvo aislado durante gran parte del periodo Edo (1603-1867) y durante ese tiempo casi todos los gatos nacieron dentro del país. Se produjeron mutaciones, quizÁs debido a la endogamia y progresivamente fueron apareciendo gatos con cola corta, desde 1700.

No pasó mucho tiempo hasta que la gente comenzó a considerar japoneses a los gatos con cola corta y de procedencia extranjera a los de cola larga. En un ensayo, titulado Guzasso, escrito a comienzos de 1800, se puede leer:

"Mucha gente en Kioto posee gatos chinos con largas colas, mientras que en Naniwa (Osaka) tienen gatos japoneses con cortas colas".

El gato japonés, con cola corta, permaneció como una variedad diferente hasta hace bien poco. Tras la Segunda Guerra Mundial, se introdujeron en el paí­s diferentes variedades, incluyendo la siamesa y la americana de cola corta, y el gato de cola corta genéticamente inferior fue desapareciendo. Fue en ese momento cuando una americana se llevo de vuelta a Estados Unidos varios gatos japoneses, criándolos y registrándolos como la variedad "Cola Recortada".

Gracias a ella, el gato japonés continua existiendo en Estados Unidos. En el mundo felino la globalización también parece haberse hecho un hueco.

Sendoshi Kurumada

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