viernes, 4 de abril de 2008

El Juego de los Abalorios (o la imposibilidad de un paraíso)

Los silencios son elocuentes. En ocasiones, hablan a gritos. Pero el silencio de este servidor termina hoy, y es un placer el compartirles algunos detalles que, espero, les inviten a ponerse en contacto con una de las más bellas y profundas novelas escritas en el siglo XX: El Juego de los Abarios, de Hermann Hesse.

Sobre el autor

Hermann Karl Hesse –se pronuncia ‘jésse’, no jés-nació en Calw, localidad ubicada en Baden-Wurtemberg, donde transcurrieron los tres primeros años de su vida (hasta 1880) y tres años de colegio (1886 a 1889).

En su juventud hizo grandes viajes por Italia y también por la India, los cuales serían determinantes en gran parte de la temática que se presenta en sus obras. En la India su abuelo y su padre habían sido misioneros. Su educación estuvo dividida entre Alemania y Suiza de 1881 a 1886; estudió en un colegio de humanidades, abandonándolo dos años después.

Los siguientes años fueron más conflictivos: con quince años, en 1892, intentó suicidarse, quedando tras esto a cargo de un teólogo y pasando posteriormente por una institución de salud mental y otra "para jóvenes problemáticos". Cumplió su educación básica en 1893, pasando a intentar aprender el oficio de librero, luego el de mecánico relojero y finalmente volver a trabajar como librero. Los problemas psicológicos que lo aquejaron en diversos períodos de su vida se ponen de manifiesto, para el que sabe ver y escudriñar lo no dicho, en diversos pasajes de su obra. Hesse mismo se sometió a psicoterapia, con un discípulo de Jung. Y la psicología de este egregio y emancipado alumno de Freud campea en toda su obra. De un modo bastante manifiesto en "Demian".

En 1895 comenzó a trabajar en su oficio en una librería de Tübingen (o Tubinga) especializada en teología, filología y leyes. Con escaso interés por el contacto social, Hesse pasaría su tiempo libre leyendo y escribiendo para periódicos locales, publicando su primer poema a finales de 1896.
Emancipado económicamente en 1898 de sus padres, Hesse continuaría publicando aunque con escaso éxito. La confianza de su editor y las subsiguientes publicaciones derivarían en su primer éxito en 1903: "Peter Camenzind".

Un fuerte giro a su vida sucedió tras algunos problemas con sus críticas a la Primera Guerra Mundial en 1914. Demonizado por la prensa y abandonado por sus amigos tras la publicación de un ensayo en el que pedía a Alemania que no cayera en el nacionalismo, se encontró en medio de un conflicto político que junto con su fracaso matrimonial y la muerte de su padre, acabó por llevarle en 1919 a Suiza, nacionalidad que adquirió en 1921.

Como muchos de sus personajes, Hesse tuvo a lo largo de su vida problemas con las mujeres. Su primer matrimonio con Maria Bernoulli, que le dio tres hijos, terminó trágicamente por los problemas mentales de su esposa. El segundo matrimonio aparentemente no pasó de ser una breve aventura con Ruth Wenger, terminando a los pocos meses. Finalmente se casó con Nion Dolbin en 1931 y se mantuvo a su lado durante el resto de su vida.Murió de una hemorragia cerebral mientras dormía, a la edad de 85 años, no sin haber dejado varios poemas, cuentos, sus novelas y una larga colección de artículos de crítica política, actividad que nunca abandonó.
Principales obras
La novela

Publicada en Suiza para el año 1943 (en medio de lo más álgido de la Segunda Guerra Mundial), este libro lleno de paz fue la última novela publicada por Hesse. Se le mencionó particularmente cuando fue galardonado con el Nobel de Literatura de 1946, justamente el primero después de la guerra que echó por tierra todos los ideales de la civilización occidental. Hesse, como visionario que fue, adelantó en su obra respuestas a la crisis que no serían retomadas con rigor sino hasta el surgimiento de las corrientes contraculturales de los 60´s –los beat, hippies, mayo del 68, los existencialistas que seguían activos para entonces, varias bandas de rock-, lo cual se nota en su recuperación de las místicas orientales, el regreso a la vida simple, el repudio por toda forma de nacionalismo y guerra. Voz casi solitaria en sus días, poco después de su muerte sus más caros ideales se convierten en causas para millones. Y es este libro, el Juego de los Abalorios (EJDA), en el que casi todos estos ideales, así como sus inquietudes, se encuentran y se expresan con mayor brillo o dolor.

El libro está dividido en varias partes. Se supone escrito por un historiador de la Orden de Castalia hacia el siglo XXIV. Acá una reseña básica de cada una.

El Juego de los Abalorios

Imaginen un juego, sofisticado, bello, casi esotérico, que les permita expresar mediante signos especiales y las combinaciones de los mismos cualquier contenido posible de la cultura, las ciencias o las artes, y crear interrelaciones jamás pensadas entre ellas. Esa es, grosso modo, la idea que sostiene al juego de los abalorios. Para poder jugarlo hay que saber de historia de la cultura, matemáticas, lingüística, música, filosofía, artes y místicas antiguas, a la vez que tener una profunda sensibilidad hacia la unidad última de todas las cosas. Eso, porque el juego es la encarnación de la noción de que toda forma de conocimiento e intelecto proviene y se dirige hacia la misma fuente, es la unificación de todo el espíritu y tiempos del ser humano. Por ejemplo, la novela menciona juegos en los que el jugador sugiere relaciones inéditas entre una tocata de Bach, una ecuación de cálculo diferencial y un rito de adivinación del I Ching.

¿Volado? De hecho, noto en esta noción de Hesse la quizá única honesta propuesta de ciencia ficción para la vida espiritual del ser humano, a modo de síntesis, que se haya hecho a la fecha.

Esta maravillosa invención, según la cronología del autor, tiene lugar a principios del siglo XXI, pero alcanza su mayor sofisticación y gloria en el XXII, mismo en el que transcurre la vida del protagonista. Surge paralelo a la Orden de Castalia, institución internacional que trata de reinvidicar la pureza del saber y del arte fuera de la disputa por el poder o el prestigio, y más aún del espectáculo, en medio de las cenizas del siglo XX y los principios del XXI, perído caracterizado por dos cosas: la guerra y el folletín (entiéndase, la moda de adquirir conocimientos inútiles, o bien relevantes pero de modo superficial y poco comprometido). Esos siglos, llegada la humanidad a la noción de que o se detiene el ritmo de las guerras y el consumismo o se muere como especie, son superados en buena parte gracias a la influencia benéfica de la Orden que ve encarnados sus más altos valores en el Juego de los Abalorios.

Para preservar todas las disciplinas del espíritu, la Orden tiene una serie de “escuelas de selección”, en la cual sólo ingresa lo más selecto de los estudiantes de primaria de todo el continente, y de las cuales sólo se egresan los más selectos entre estos selectos, ya poseedores de la más vasta y exquisita cultura. Y entre los egresados, menos aún, tras un período de estudios libres patrocinado por la Orden, se hacen parte de esta, ingresando a una disciplina con la cual seguirán ligados, usualmente, de por vida.

Joseph Knecht, El Magister Ludi

Es un proceso semejante el que sigue José Knecht en la primera parte de su vida, luego de ser seleccionado con unos diez años de edad por el Magíster Musicae de la Orden, su mentor y amigo por el resto de su vida. Luego de pasar por las escuelas de selección, y destacar en su adolescencia por defender los principios castalios en contra de un estudiante venido “del mundo”-y su mejor amigo- Plinio Designori, en medio de debates públicos intensos, tiene varios años de estudio individual en los cuales lo vemos acercarse a los valores orientales, en especial como discípulo de un enigmático castalio que ha hecho de sí un chino de hace miles de años, conocido como el Hermano Mayor. Cuando este período termina se une a la Orden, es enviado a la misión diplomática de acercar a Castalia a la Iglesia Católica-al parecer para entonces purificada, por causa de las guerras y la persecución, de toda sus patrañas actuales- a través de la persona del Padre Jacobo, historiador de la Orden Benedictina. Cuando por fin regresa de esta misión, la cual logra, topa tras no mucho que será el nuevo Maestro del Juego de los Abalorios, el mejor jugador del mundo de esta selectísima actividad.

Es acá donde la novela tiene un giro. Como castalio, pero como hombre que también ha conocido la historia del mundo exterior, Joseph intuye que Castalia ha hecho de sí una torre de marfil, y que con ello se está exponiendo a su extinción. Hay nuevos rumores de guerra en el mundo, y la gente de la Orden no se percata. Es entonces que comienza el más intenso proceso interior en el alma de Knecht, lo cual lo llevará a tomar decisiones extraordinarias. En qué consisten tales, y a qué le llevan, es algo que Ud debe descubrir, querido lector.

Sobre lo que dejo escrito Joseph Knecht.

Esta parte del libro parece desvinculada del resto al principio. Pero, al leer con detalle y recordar que se supone que el protagonista de todo lo anterior es el autor de estos relatos y poemas, nos damos cuenta de que todo el texto anterior queda iluminado con una nueva luz. La fuerza, la profundidad del Corazón de Joseph queda magnificada en estos relatos y poemas. Son, por tanto, parte fundamental de la novela.

De los poemas, solo puedo decir: creo que su verdadera belleza Habrá de estar en el alemán en que fueron compuesto. Las traducciones al español son débiles y cansadas, pese a tener imágenes brillantes.

Pero de los relatos “autobiográficos” puedo decir todo lo bueno. Por ello, les dejo también un poco acerca de ellos.

El hacedor de la lluvia

¿Como pudo percibir el mundo y la vida un ser de inclinaciones místicas en la prehistoria, quizás en el paleolítico? Hesse nos deja una preciosa especulación-propuesta de una mística de la naturaleza en la historia de este ser extraordinario, que nos hará no volver al “medico brujo” del mismo modo jamás.

El confesor

La santidad conduce al hastío, y es el hastío lo que lleva a muchos a la muerte. Josephus Famulus (traducción directa al latín de Joseph Knecht) lo sabe como pocos. Ermitaño desde su temprana madurez hasta que ya ha encanecido, el don de Dios para este cristiano del siglo III es escuchar sin prejuicio ni censura a todo tipo de pecadores. Llegado al asco de esta forma de vida tras varios años, sale a la búsqueda de Dión Púgil, el confesor agresivo y dador de penitencias, fuerza moral de la región de Ascalón. El encuentro de estos dos santos tan humanos nos hace testigos de una de las más exquisitas amistades en la literatura.

Existencia Hindú

¿Que le puede dar la plenitud a un alma que pide a gritos por una vida autentica? ¿Riqueza? ¿Amor? ¿Poder? En esta historia, que plantea directamente el asunto, la respuesta categórica es: NO, nada de eso. Es la historia de Dasa (palabra en sánscrito para siervo, por la tanto, traducción de Knecht), príncipe de un reino Hindú que pasa a pastor, de pastor a siervo de su suegro por amor a una esposa infiel, de ahí a asesino y finalmente a aspirante a yoghi. Exquisito tratado acerca de lo relativa y frágil de cualquier vida humana, sin importar la posición social.

Comentario sobre la novela

Esta novela, de verdad, es un monumento a la esperanza, así como al realismo con respecto a la especie humana.

Hesse publica esta novela, no olvidemos, en 1943. Él ya ha visto la Primera Guerra Mundial, y la Segunda no tiene visos de terminar cuando este libro aparece. Pero en él vemos que Hesse deposita en ella la visión de un mundo que, tras la confusión inicial-él sabe como funcionamos, esta toma siglos- logra retornar a su quizá última era de luz, encontrar lo mejor de sí para hacer otro intento de crear un mundo nuevo. La Orden y el Juego encarnan de manera simbólica estas esperanzas. Es un paraíso secular, el sueño de muchos. Sueño que, sin embargo, será real sólo para unos pocos.

Pero también-y para denunciarlo está Joseph- nos recuerda que todo lo hecho por los seres humanos es semejante a ellos, comenzando por el hecho de ser pasajeros, sujetos a la posibilidad de corrupción, egoísmo, y el olvido del propósito que debería guiar sus actos y energías. Este paraíso de pocos está para servirle a todos, y eso es lo que ha dejado de hacer, es lo que denuncia Knecht; el comprende que cada hombre tiene un deber para con la historia, y el deber es mayor cuanto mejor o más privilegiado sea el hombre.

En fin, cada quien debe sacar de una obra sus propias conclusiones. Pero, creo que hay que decirlo, Hesse nos expone en este libro no sólo lo mejor de su mente y lo más maduro de su sabiduría: también nos advierte acerca de aquellas cosas, pequeñas cosas, que pueden acabar con lo mejor de nuestro ser, y nos ofrece sus humiles alternativas. Es por eso, amigos lectores, que les aseguro que esta novela tiene el poder de mejorar sutilmente, al menos de inquietar, a quien la toma con atención.

Lo que esta obra ha sido para este lector.

No voy a negarlo: esta es una de mis novelas favoritas de toda la vida, un libro que uno tiene siempre presente desde que uno lo toca por primera vez. Y, como toda buena obra de literatura, es topar con algo distinto en cada ocasión.

La primera vez que leí EJDA yo tenía recién cumplidos los 22 años, y estaba sumido en una profunda depresión. Por algún extraño motivo, me dije que releer a Hesse me ayudaría. Siddharta me motivó, pero entonces lo sentí muy místico. Luego, le entre al Lobo Estepario: la tristeza de Harry Heller no era lo que necesitaba. Fue entonces cuando tope, en la Biblioteca del Museo de los Niños, con este libro. Ya sabía que era considerado por muchos su obra maestra (‘¿mejor que el lobo estepario? ¡Por favor!’- me decía…), y resulto que si lo era.

La historia de Joseph, la propuesta del juego –casi una invitación descarada a que alguien lo creara en el mundo real- la idea de una serie de estados dedicados solo al espíritu, como Castalia, todo me hizo caer como bajo un hechizo. Cada detalle de la vida del futuro Maestro del Juego se me hacía delicioso, y me llenaba de envidia y me inspiraba a ser, si se vale decirlo, un ser digno de ser considerado un humildísimo precursor de Castalia. Pero, cuando Joseph comenzó a planear su salida de la Orden, estaba yo impactado, furioso, pero a la vez no podía menos que darle la razón. Padecí terriblemente con el final.

Casi tres años después, topo con el mismo libro, pero yo ya soy otro lector. Y el libro me lo revolcó en la cara sin posibilidad de duda.

El 5 de enero de este año tuve uno de los peores días de mi vida a la fecha. Forzado a dejar el lugar donde vivía, empaque solo mi ropa y metí dos libros en la maleta, en una elección semiinconsciente pero nada arbitraria, sólo acaté a tomar el Quijote y EJDA. Pero ya un poco más calmado, fue el Juego el que decidí leer.

Esta vez, pude acercarme más al sentir del personaje. El Juego me siguió’ pareciendo sublime, magnifico, digno de ser creado. Pero Castalia, por momentos, llego’ a chocarme. Mi corazón se acerco’ a sus críticos, esos que dicen que un sitio dedicado sólo a la sabiduría en el fondo también engendra hombres reprimidos, usos moralistas y oprimentes, y ante todo, soberbia. José escapa por que es un ser extraordinario, pero todas sus intuiciones son ciertas. Lo doloroso fue apoyar al protagonista, esta vez desde el principio, pero verlo dar el paso temido al final y esta vez conocer sus consecuencias.

Pero hubo algo en común: esta novela me reconstruyó por dentro. Me retó de nuevo a ser mejor. Me dio esperanza y goce en su belleza sublime. Así demostró su eficacia, y yo me demostré que he madurado, a la vez que la “serena alegría” del aún admiradísimo Joseph ha resurgido como un ideal pare este cargado corazón.

No queda más que invitarles a que, si les es posible, compren o consigan prestada esta obra magnífica. A todos nos hace falta llenarnos el corazón de amable belleza de vez en cuando. Nos mejora.

Esteban, R ¨Admirador de Hesse¨ Spiral

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