lunes, 30 de junio de 2008

Los que van A morir... ¡¡Te Saludan!!



El gladiador era un combatiente particular, personaje arquetípico del antiguo Imperio Romano; su nombre deriva de “gladio”, que se trata de una pequeña espada corta usada muy a menudo durante sus combates.

La práctica de la lucha de los gladiadores parece provenir de la zona del Sannio -una región histórico-geográfica de la Italia centro-meridional- y, como muchos otros aspectos de la cultura sanítica, fue adoptada por los romanos.

Su origen se suele vincular al munus (término que en latín tiene la doble acepción de “asignación” y de “regalo”). La costumbre de ofrecer espectáculos públicos en circunstancias particulares, como por ejemplo el duelo a muerte entre esclavos en ocasión del funeral de cualquier familiar, era muy celebrada.

Los Gladiadores y su Origen Etrusco

Otra hipótesis indica que el nacimiento de los gladiadores debe vincularse necesariamente con el mundo etrusco.

Con respecto al posible origen etrusco de los juegos de gladiadores, algunos testimonios arqueológicos parecen demostrar las influencias de tal pueblo arcaico en los hábitos de Roma, visibles en los frescos y pinturas de las tumbas y en algunas fuentes literarias.

En las paredes de dos tumbas de Tarquinia, respectivamente la tumba de los Augurios (segunda mitad del siglo VI antes de Cristo) y la tumba de las Olimpíadas (últimos veinticinco años del siglo VI antes de Cristo) se representa un grupo de personas donde aparece un extraño personaje enmascarado llamado Phersu, que conduce un perro feroz encadenado mientras éste ataca a un hombre con la cabeza cubierta por una bolsa, que se defienda con un clavo.

En esta cruenta escena de combate, según Raymond Bloch, debe interpretarse un anticipo de los futuros juegos de gladiadores romanos. De acuerdo con esta versión, derivarían entonces de los juegos fúnebres de la antigua Etruria en el curso del cual se ofrecía un hombre a las fieras para que intentara desesperadamente salvar su vida.

Cabe mencionar que en las urnas y sarcófagos etruscos se encuentran frecuentes representaciones de combates que también se leído como anticipos de la función de los futuros gladiadores romanos. También se encontraron escenas de combate entre famosos guerreros mitológicos, durante la Antigüedad clásica. Nicola di Damasco fue un historiador griego que vivió durante la edad de Augusto; en sus antiguas crónicas historiográficas nos cuenta que los juegos de gladiadores fueron “importados” a Roma desde Etruria.

Por otra parte, el nombre “lanista” –con el que los romanos llamaban al empresario que comerciaba con gladiadores– deriva de un vocablo etrusco, según San Isidoro de Sevilla.

De Tertuliano, que vivió en el siglo II después de Cristo, aprendemos que los gladiadores muertos durante los combates en la arena eran arrastrados por personas enmascaradas a imagen de Caronte, que siempre iban armados con un martillo (popular atributo del demonio Charun, entre los etruscos).

La figura del gladiador nació del sanguinario fanatismo del pueblo romano, por este motivo fueron considerados auténticos héroes nacionales.

Juegos de Gladiadores

Los gladiadores no eran propiamente legionarios, pero sí guerreros importantes durante la conquista imperialista; luego entraron en sus filas numerosos criminales y hombres libres buscados por la Justicia.

El primer espectáculo con gladiadores se desarrolló probablemenre en el año 264 antes de Cristo. Hacia el 105 también a.C. los juegos se volvieron divertimentos públicos y se celebraron en el Foro del César.

Más tarde, con el advenimiento de la dinastía Flavia –iniciada por el emperador Flavio Vespasiano– se inició la construcción del más grande y famoso anfiteatro del mundo, el Coliseo (il Colosseo).

Ya en el siglo IV, el emperador Constantino I, después de haber abrazado la fe cristiana, prohibió estos espectáculos. De todas formas, su popularidad continuó creciendo y los juegos con gladiadores se siguieron desarrollando, a pesar de las reiteradas prohibiciones.

Fue en las ciudades alejadas del emperador y de su corte (sita en Roma) donde los últimos espectáculos de gladiadores se celebraron, hasta los primeros años del medievo.

Los combatientes podían ser verdaderos profesionales, así como guerreros inexpertos o seres marginales (criminales, galeotes, prisioneros de guerra, cristianos, etc.) o incluso hombres libres sin distinción de raza ni de sexo; cabe destacar que los combatientes femeninos eran extremadamente raros pero sí existieron. Los galeotes y prisioneros de guerra, particularmente aguerridos y experimentados tras haber sobrevivido a años de lucha y sufrimiento, eran personajes marginales muy buscados y valorados para ejercer como gladiadores profesionales.

A menudo, muchos de ellos eran originarios de tierras lejanas como Numidia, Tracia o Germania, y se postulaban gustosos a la actividad, con la intención de progresar en esa carrera.

Además, era inconcebible para un romano incluir en un combate de gladiadores a cualquier persona que no fuese voluntario.

El Adiestramiento de los Gladiadores

El adiestramiento de los gladiadores era todavía más profundo que el que se practicaba en la escuela militar romana. Ejercitaban el esgrima, el manejo de armas particulares y mejoraban su condición física mediante fatigosísimos entrenamientos.

Durante la era cristiana, la “gladiatura” se convirtió en un deporte de alto nivel en Roma; se consideró el núcleo de adiestramiento privilegiado para lograr los mejores combatientes y guerreros.

Las condiciones de vida de los gladiadores eran excepcionales, porque tenían las puertas abiertas a todos los espacios públicos y celebraciones organizados en Roma y su entorno.

El entrenamiento de los mismos se realizaba en la llamada “palestra”, unida al Coliseo gracias a un corredor subterráneo. Allí los atletas gozaban, además, de momentos de relajación y ocio, dependiendo del prestigio de su reputación.

Pero los nuevos gladiadores no tenían el privilegio de asistir a las noches de fiesta. El incremento de su notoriedad era un largo camino para el que había que esforzarse mucho; al menos eso pretendían tantos jóvenes gladiadores.

La revuelta de Espartaco tuvo lugar en el año 73 antes de Cristo, en una escuela de gladiadores de Capua. Para aquella época, el célebre deporte estaba todavía poco y mal reglamentado.

Hacia el año 105 antes de Cristo, la gladiatura se practicaba como parte de los juegos públicos romanos organizados por Gaio Mario, general y político romano que fue siete veces cónsul de la República Romana.

Estos combates, ciertamente mortales, estaban muy bien reglamentados y no se parecían en nada a la mayoría de las “caricaturas” presentadas en muchos films de Hollywood, a excepción de algunas buenas versiones como la pluri-laureada Gladiador, del director Ridley Scott.

Todos los ministros romanos se cuestionaron acerca de los intereses, valores y legitimidad de tal espectáculo deportivo. La gladiatura necesitaba, en efecto, el reconocimiento y los derechos legales de la ciudadanía romana, porque para muchos era una especie de “herejía”.

El ganador del juego tenía derecho a portar la candela de la gloria. Además, la fortuna adquirida tras la batalla en la arena era verdaderamente considerable.

Panorama Histórico de la “Gladiatura”

Es preciso distinguir los combates de gladiadores de los espectáculos que involucraban la presencia de animales salvajes.

Los historiadores han estudiado la gladiatura romana desde una nueva óptica: desde un perfil menos deportivo, acentuando las divergencias con la historiografía clásica que se veía influenciada por la fe cristiana, muy hostil a esta práctica.

Los griegos adoptaron también los deportes marciales, pero es necesario destacar que la gladiatura no se practicaba en todo el Imperio Romano: en Egipto o en Medio Oriente, por ejemplo, se practicaban las carreras en carro, que era el deporte principal de la Antigüedad.

La tragedia di Fidènes –una ciudad situada cinco kilómetros al norte de Roma– signó profundamente el espíritu de los romanos. Allí se había construido un anfiteatro, a cargo de cierto arquitecto llamado Atilius, de origen francés, para poder disfrutar de los espectáculos de gladiadores.

Sin embargo, el magno edificio se derrumbó durante uno de los juegos... El historiador Tácito reseñó esta catástrofe en sus Anales, mencionando la cifra de 50.000 muertos y heridos.

Como consecuencia de esta tragedia, la legislación acerca de la organización de los espectáculos deportivos estuvo sumamente reglamentada en todo el Imperio.

A diferencia del reinado de Tiberio, el emperador romano Calígula (que gobernó entre los años 37 y 41) multiplicó el número de carreras de carro y demás pruebas deportivas en Roma.

De todas maneras, se siguió privilegiando la gladiatura como la gran figura del deporte romano, respecto del box y de las carreras de carros.

En el año 399, bajo la presión cristiana, se clausura la escuela de gladiadores de Roma, dado que este deporte de espectáculo era fuertemente despreciado por los cristianos.

Pero el último combate de gladiadores celebrado en la ciudad de Roma data del año 439, es decir, menos de un siglo después de la primera prohibición del emperador Constantino; esto demuestra cuán arraigada estaba esta práctica en el espíritu deportivo romano.

Según la cultura popular, antes del combate los gladiadores adversarios se ponían de pie bajo la tribuna del emperador, cuando estaba presente, y clamaban “Ave César, quienes se aprestan a morir te saludan”.

Pero la historiografía reciente ha confirmado la falta de fundamentos de esa información. Se cree que la frase era pronunciada por un grupo de condenados a muerte que gritaban esas palabras antes de que los gladiadores empezaran a combatir, a lo que el emperador Claudio simplemente respondía “continúen”.

Los combates oponían siempre gladiadores de diferente categoría: estos eran los reziari, los secutores, los mirmilloni, los traci y los dimachaeri.

Cada categoría de gladiadores tenía su propia peculiaridad en materia de equipamiento, accesorios y golpes permitidos. Por ello, cada jerarquía tenía sus ventajas y sus desventajas.

Buscando favorecer el rendimiento y las chances de cada combatiente, los romanos dosificaban ventajas y desventajas. Los enfrentamientos clásicos eran: los “reziari” contra los “mirmilloni” y los “traci” contra los “secutores”.

Con el objetivo de poner en práctica ideas siempre nuevas, llevando a la arena episodios de inspiración mitológica o buscando favorecer situaciones grotescas, es famosa la batalla ideada por el emperador Domiciano quien, en los años 90, hizo combatir mujeres contra enanos.

Es preciso desmentir la creencia según la cual, al terminar la batalla, el gladiador vencido era asesinado por decisión de la muchedumbre.

Sí es probablemente verídico que el público festejara a sus preferidos y forzara la voluntad sobre la vida y la muerte, pero era extremadamente raro que un gladiador profesional fuera asesinado, porque estos atletas eran sumamente costosos de adiestrar y de mantener.

El organizador y el imperador debían pagar una cifra demasiado alta por cada gladiador muerto... No era francamente deseable favorecer su deceso sin sentido.

También existen temas muy bien trabajados en el film de Ridley Scott. Por ejemplo, dos tópicos enfocados de modo sustancialmente correcto en la película Gladiador son la lucha entre los gladiadores y la concepción religiosa.

Las escenas de lucha se caracterizan por una violencia muy acentuada. Es necesario destacar que la agresividad demostrada en estos “juegos” sí corresponde a la realidad histórica, aunque fueron por ello mismo muy apreciados como espectáculo público por parte de los romanos.

Gladiador y las Creencias Religiosas

Pero más interesante todavía es la representación de las creencias religiosas de este pueblo. El film insiste mucho sobre la fe de ultratumba, que con seguridad era muy difundida en el Imperio romano durante el siglo II después de Cristo.

El aspecto más original de la representación de la religiosidad romana está constituido por la insistencia que recae sobre el culto de los antepasados. El protagonista Máximo, mientras reza, invoca y recuerda a menudo las imágenes de sus padres muertos, como si fueran ídolos o deidades.

Los espíritus divinizados de los antepasados –que los romanos llamaban lares– constituían efectivamente una de las tradiciones religiosas más antiguas y más sentidas de la populación, influyendo además en la vida puntual del protagonista.

De esta manera, el film refleja un aspecto a veces olvidado pero realmente central dentro de la cultura y de la civilización de los antiguos romanos.

Los gladiadores romanos, cuyos nombres derivan de una antigua espada romana llamada “gladius”, eran en su mayor parte prisioneros de guerra, esclavos o condenados a muerte.

Pero en este sanguinario deporte también participaban hombres libres, atraídos por las elevadas recompensas y la búsqueda de gloria. Sin embargo, aquél que eligiese transformarse en gladiador era automáticamente considerado un “infame” para la ley.

Se supone que los espectáculos de gladiadores se originaron en las antiguas y lejanas ceremonias fúnebres etruscas, que involucraban sacrificios humanos para calmar la ira del Infierno y la inquietud de los muertos.
Los luchadores se acoplaban a un duro adiestramiento en la escuela fundada por Nerón y César, donde se apelaba muchas veces a la tortura y al orden impuesto por el uso reiterado de castigos corporales con fuego y azotes.

La disciplina era dura, con reglas férreas y con penas severas, con el objetivo de convertir a los gladiadores romanos en verdaderas máquinas de lucha.

Al concluir el período de entrenamiento, todos los gladiadores se reagrupaban en compañías, que eran propiedad exclusiva del emperador de turno.

El festejo deportivo se iniciaba con la entrada de los gladiadores en carro o a pie, seguidos por un grupo de senadores. Debajo de la tribuna del emperador, los guerreros lo saludaban con reverencias.

Luego, el organizador del juego examinaba el estado de las armas, que siempre dependían de la categoría a la que perteneciera el combatiente.

Por ejemplo, los gladiadores bautizados “retiarii” estaban inspirados en el dios Tritón y luchaban semidesnudos, portando un tridente y un puñal. Por su parte, los combatientes “mirmilloni” llevaban yelmo, escudo y estaban armados con una guadaña. Los gladiadores “sanniti” llevaban un yelmo munido de cresta y una fuerte armadura; también empuñaban una jabalina.

Los duelistas elegidos eran de diferente categoría, de modo de hacer más atractivo el espectáculo. Por ejemplo, en tiempos del emperador Nerón –para honrar al rey de Armenia– éste hizo combatir a un enano contra una mujer.

Aunque a veces se empleaban armas inofensivas pero pintorescas, la mayor parte del combate era dura y sangrienta. Solía concluir con la muerte de uno de los gladiadores.

Si el gladiador terminaba herido podía solicitar la “gracia” alzando un brazo, entonces el público sugería la salvación o la muerte a la autoridad que se hallaba sobre el palco imperial, mostrando el pulgar hacia arriba o hacia abajo, o moviendo un pañuelo blanco.

Los gladiadores muertos, para ser retirados del campo de batalla, eran arrastrados por dos esclavos disfrazados de los personajes Caronte y Remete Psicopompo: uno verificaba el deceso acercando al cuerpo un hierro caliente, y el otro, si correspondía, realizaba la seña del fallecimiento y arrastraba el cuerpo sobre la arena.

El vencedor era premiado con una palma de oro, dinero y la inmensa popularidad conseguida, especialmente en el caso de las damas.

Y si el gladiador que ganaba era un esclavo, después de diez victorias se le regalaba un collar de metal que le otorgaba la libertad. Desde ese momento podía decidir si continuar combatiendo por dinero o emprender otra actividad, como por ejemplo ser instructor en la escuela para gladiadores.


Otro juego amado por el público se llamaba “venationes”, donde los gladiadores luchaban contra feroces bestias como elefantes, hipopótamos, leones, toros, tigres, panteras y leopardos.

Consistía en la lucha contra un animal, pero ésta solía ser un mero pretexto para alguna ejecución, dado que los condenados solían ser introducidos en la arena sin ninguna clase de protección junto a las fieras sanguinarias.

También era muy apreciada la competencia llamada “naumachie” (navegación), que consistía en una batalla naval, pero siendo muy costosa –debido a las características del armamento necesario para las embarcaciones–, se organizaban raramente.

El Coliseo de Roma fue construido con ladrillos y revestido con otros materiales en un valle tras los cerros Palatino, Esquilino y Celio tras haberse evaporado un pequeño lago que Nerón utilizaba para la Domus Aurea.

El edificio, de cuatro plantas, posee una altura de 48.50 metros y una extensión que cubre un área elíptica de cerca de 19000 mq, midiendo más de 188 metros.

La primera planta tiene una altura de 10.50 metros con semicolumnas de estilo dórico; el segundo es dos metros más alto que el anterior y está formado por columnas jónicas. La tercera planta mide 11.60 metros de altura y tiene columnas corintias mientras el cuatro es un muro con pequeñas ventanas cuadradas.

En este último nivel se portaban velas, que en la Antigüedad se utilizaban para proteger a los espectadores del sol.

El Coliseo romano está formado por sectores en donde se puede acceder por escaleras, y tiene galerías en las que –durante el espectáculo– se estima que se vendían productos para comer y beber.

El puesto destinado a los senadores y a los miembros de la corte fue construido por orden de Augusto, y se llamó “el palco del emperador” (bautizado también “pulvinar”).

Su acceso quedaba reservado gracias a la presencia de un corredor subterráneo por donde se dice que pasaba Cómodo, según las crónicas historiográficas romanas.

El escenario elíptico del Anfiteatro Flavio, que mide más de 77 metros por 46, estaba formada por una tabla de leños cubierta de arena.

Para acceder existían dos ingresos: la “Porta Triumphalis”, por donde entraban los gladiadores o los animales, y la “Porta Libitinensis”, por donde salían los cuerpos sin vida de los luchadores.

Sobre el escenario del Coliseo se extendían numerosos corredores y ambientes destinados a hospedar a los gladiadores y a las bestias feroces que podían ser llevados al centro de la escena en carros elevados o rampas.

Gladiadores, suspiro de mujeres y Fanáticos

La tradición popular y la cinematografía clásica han representado los combates entre gladiadores como encuentros extremadamente truculentos y siempre mortales.

Pero la realidad debía ser seguramente bien distinta, dado que el costo para mantener a los luchadores era mayor que la ganancia que los editores recibían del público.

Es más fácil creer que su muerte en el escenario no fuera tan frecuente, excepción hecha por el sanguinario combate denominado “munera sine missione”.

Diversos mosaicos representan la pugnae (combate, pugna) escrito junto al sobrenombre del gladiador, lo cual demuestra el afecto que el público sentía por el campeón, durante toda su carrera. Los más famosos llegaron a combatir cerca de cuarenta veces en el escenario de anfiteatros.

El espectacular estado físico de estos hombres atraía a las mujeres de la nobleza romana, por lo que merecieron el apelativo de “suspiria puellarum”.

Un episodio que bien sintetiza el fanatismo por estos ídolos data de la tremenda riña que se desarrolló en el año 59 antes de Cristo, en el anfiteatro de Pompeyo, entre los fanáticos locales y los “visitantes”.

Los incidentes se iniciaron durante el combate de gladiadores, y provocaron muertos y heridos que terminaron con la clausura del estadio por diez años.

Los combates oponían siempre gladiadores de diferente categoría: estos eran los reziari, los secutores, los mirmilloni, los traci y los dimachaeri. Buscando favorecer el rendimiento y las chances de cada combatiente, los romanos dosificaban ventajas y desventajas. Los enfrentamientos clásicos eran: los “reziari” contra los “mirmilloni” y los “traci” contra los “secutores”.

Cada categoría de gladiadores tenía su propia peculiaridad en materia de equipamiento, accesorios y golpes permitidos. Por ello, cada jerarquía tenía sus ventajas y sus desventajas.

Finalmente solo aquel que con habilidad he instinto asecino, podria ganarse ser libre o seguir luchando por su vida en un campo de batalla...de roca y fanaticos...

Geovanni "Con escudo y espada te saluda" Notto...

1 comentario:

JAY dijo...

Muy buen articulo, los gladiadores y el Imperio Romano tienen una historia muy interesante, con episodios como el de Espartaco.

Hoy en dia tenemos gladiadores tambien, como los luchadores, con obias diferencias por supuesto. Parece que ver a dos hombres luchar ha sido atractivo desde principios de la historia.