lunes, 11 de agosto de 2008

ALQUIMIA CELESTE (una cosmogonía)

Esto de verdad salió mal.

Exagerás.

¿Cómo que exagero? Eran fascinantes. Digo, bellísimos, con tanto potencial…

Y abominables. Recordá las veces que intenté infiltrarme entre ellos y cómo acabó. Ambos sabíamos que iban directo hacia lo que acabamos de ver.

Bueno –dijo el de lentes con tono ofuscado- no me importa si dijo que no le molestaran por el resto del día. Voy a avisarle.

Mirá el cielo. Está oscurísimo, no parecen las siete de la mañana. ¿Cómo pude dejar el paraguas en casa? Tendré que correr. Interesante: ya estoy sudando. Esto es desagradable pero refrescante, aunque no le gustará la chico guapo que se sienta junto a mí en clase. Ni modo. No quiero llegar tarde, aunque no entiendo bien qué significa eso.

Esto de caminar es divertidísimo. Lento, casi elegante. Si no fuera por el dolor en los pies y este cuerpo tan pesado. Por suerte tengo este reproductor de música, todo es más liviano; las caras de la multitud al menos son menos amargas. ¡Oh no, no! Ahí va el bus. ¡Pero faltaban dos minutos! Ahora sí llegué tarde. Hmmpf... Tanto correr para nada. ¿Será así con todo...?

El golpeteo en la puerta despertó a Yahvé. Es el sueño más simple que haya tenido. Pero esas limitaciones son una verdadera curiosidad. Se acurrucó. Más golpes. ¿Qué será tan urgente? Se levantó estirando los brazos, se colocó la bata de dormir, corrió las cortinas, y finalmente abrió la puerta de su alcoba.

Luzbel, te dije que no quería ser molestada. Acabo de entrar.

Señora, algo en el proyecto se salió de control.

Ya en la biblioteca, prestó atención a su obsesivo asistente por los diez minutos que tardó enumerando las causas del desastre y como éstas se unieron para generar lo que él llamó “un espantoso final”. El chico hacía esfuerzos enormes para no llorar, mientras de vez en cuando condenaba con la mirada a su compañero J, quien dibujaba con un dedo al otro lado del cuarto.

Así que todos murieron. Todos. Y de esa manera. Casi acaban con toda forma de vida en el proyecto además. ¿Qué pensás de esto, J?

Me pareció épico –contestó el desaliñado calmadamente, mientras Luzbel palidecía de rabia – Un monumento al caos innecesario. No podés reclamar nada, hermanito, por que al menos yo sí entré varias veces a tratar de arreglar las cosas desde adentro mientras vos controlabas variables externas, mantenías la objetividad y cumplías peticiones de los sujetos. No, no, no – dijo haciendo un gesto de silencio y con tono enfático mientras el de lentes se volvía para contestarle- Sabés bien que eran demasiado impredecibles, demasiado básicos y autodestructivos. Yo traté más que vos.

Pero también eran hermosos. Está bien, sólo unos cuantos lo eran realmente, pero la mayoría no merecía lo que les pasó. Yo creo que nunca supieron asimilar lo miserables que descubrieron ser, menos entender que la verdadera causa de todo esto era que…

Suficiente- interrumpió Yahvé- Creo que no viene al caso. No estaba en sus manos. ¿Los datos están en este informe, no? Me encargaré en persona. Les agradezco su apego a lo que les pedí. Les llamaré mañana.

Los asistentes se acercaron a la puerta. Justo cuando iban a salir, Luzbel sollozó; J le abrazó mientras le pedía disculpas y comenzó a tratar de consolarle.

Una vez sola, Yahvé comenzó a leer los datos, y quedó sorprendida. El error que había cometido al principio era sutilísimo, pero desastroso en verdad. Esos pobres muchachos no podían hacer nada, de hecho. Pero, conforme más leía, fue dándose cuenta de una serie de detalles inesperados en muchos de los sujetos efímeros que le hicieron sentir una especie de dolor o lástima, no estaba segura, por primera vez en eones. Decidió desbloquear una de sus facultades –una de esas tantas que los suyos se obstruyen para tolerar la existencia- con el fin de comprender mejor el por qué.

Durante toda esa noche, vivió cada una de sus vidas y fue cada uno de ellos de manera real y efectiva. Lloró todos los llantos y gozó todas las risas, fue todos los amores y los desencuentros, padeció todas las angustias, se compadeció de todas sus esperanzas. Murió también cada una de las muertes, y se dio cuenta de que fue un gran error el tomar esta asignación que se le había dado tan a la ligera.

Conforme los iba haciendo pasar por su memoria, uno por uno comenzaron a aparecer suspendidos y adormilados en la habitación aquellos que le habían parecido los más agradables, aventurados y auténticos. También lo hicieron quienes no habían tenido oportunidad de tomar ninguna decisión. Les dio largos sueños para su consuelo conforme a las vidas que habían tenido o las que se les hubiera negado. Así, al rayar el alba, el despacho era un mosaico espiral conformado por billones de figuritas sonrientes de ojos cerrados con una divinidad opaca de ojos lacrimosos en su centro.

Temprano en la mañana llamó a los Mayores. Poco después estaba ante el Consejo de los Elohim tratando de presentar su renuncia, la cual fue rechazada por unanimidad en honor de sus méritos anteriores; sin embargo, se le advirtió que no sería aceptado que volviera a descuidar los resultados de sus proyectos, por simples que parecieran, sin que hubieran llegado a su debido término bajo supervisión directa. Yahvé agradeció su decisión, y les presentó humildemente un plan de trabajo que ellos aceptaron de buen grado.

A eso del medio día, Luzbel y J entraban al taller para quedar boquiabiertos con la miríada de miniaturas durmientes que impedía ver el techo y los muros, aunque los reconocieron a todos con aguda mirada al poco tiempo. Ambos sonrieron. Cerca de una ventana, vieron una figura brillante con su ropa de trabajo rodeada de moldes y libros que lanzaba misteriosos líquidos a hervir en un alambique.

Apenas estuvieron lo suficientemente cerca, escucharon a su jefa decirles con ojos brillantes:

Bienvenidos, jóvenes. Debo reconocer que lo dos estaban en lo cierto con sus recomendaciones iniciales. Les agradezco la lección. Esta vez haremos que todo salga bien.

SPIRAL

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