domingo, 18 de octubre de 2009

Conociendo el Haiku - Capítulo 4: Haiku en Occidente, haiku en español

Como era de esperarse, la Restauración Meiji fue también un punto de quiebre en la manera en que Europa y América contemplaban al Japón. Tras de siglos de misterio, los occidentales hallan una nación con una tradición riquísima en todas las áreas del arte, la cultura y la espiritualidad, con características que le hacen para algunos aún más fascinante que China o India, las regiones “exóticas” de Asia más exploradas hasta entonces. Las influencias tomadas por artistas plásticos y literarios en este período se cristalizaron en varios de los más importantes movimientos estéticos de Occidente en la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX, como está bien documentado.


El minimalismo formal y expresivo del haiku llamó la atención de varios autores occidentales, pero era más usual que se le tratara sólo como un referente estético. Y si bien anglosajones y franceses descubrieron tempranamente las posibilidades de adaptar el poema de diecisiete sílabas a sus idiomas, no fue si no hasta después de la Segunda Guerra Mundial que se comenzó a cultivar con más rigor y entusiasmo. El caso de los Estados Unidos es representativo, al haberse convertido en el país en el que más haiku se publica, comenta y analiza de modo especializado (ya sea en papel o en medios electrónicos) después del mismo Japón, con una tradición que si bien es corta está llena de intensidad e innovación.

Empezando de manera un tanto más tardía y subterránea, la tradición del haiku en español no es para nada despreciable. Debemos la auténtica introducción del género dentro de las letras castellanas a la poco reconocida obra del periodista y poeta mexicano José Juan Tablada (1871-1945).


Su relación con el haiku inicia cuando viaja a Japón en el año 1900, permaneciendo allí apenas unos meses en los cuales busca empaparse lo más posible de la cultura, cotidianidad e historia locales. Escribe ensayos y artículos relacionados con lo aprendido en esta temporada, pero no es hasta después de que abandona México por razones políticas en 1914 que esta experiencia comienza a hacerse visible en su poesía. En su segundo volumen de poemas, Al sol y bajo la luna (1918), no hay haiku, pero abundan las referencias a la cultura japonesa. Su tercer poemario, Un día... (1919), publicado en Caracas, es la primera obra exclusivamente de haiku en lengua española, si bien él les llama “poemas sintéticos”, o haikai cuando apela al término japonés. La obra está dedicada a “las amadas sombras de Bashô y Chiyo”. En 1922, sale en Nueva York El jarro de flores, su otro volumen del género.


Más de tres décadas después, Octavio Paz se dio a la tarea de rastrear el trabajo e influencia de Tablada sobre los poetas latinoamericanos posteriores. Esto lo llevó a revindicarle como a uno de los más importantes precursores de las vanguardias, así como a destacar su aporte enriquecedor por ser el primer autor iberoamericano en tratar con los temas o formas literarias japonesas, expandiendo el espectro expresivo y formal de la poesía en español. Es la suya una influencia que perdura hasta hoy en el haiku compuesto en América Latina y España, en particular a través de su inclusión de imágenes y contextos del trópico, así como por una innovación que ahora se la hace natural a la mayoría de los compositores de en la región: el uso de la rima asonante. Tal característica, hasta donde se tiene noticia, no está difundida en el haiku compuesto en ninguna otra lengua. Es patente en dos de sus “poemas síntéticos” más celebrados:


Tierno saúz

Casi oro, casi ámbar

Casi luz...


Trozos de barro,

Por la senda en penumbra

Saltan los sapos.

Callada pero consistentemente, el haiku siguió siendo explorado por varios autores que toparon con los libros o con fragmentos de la obra de Tablada, los cuales les guiaron hacia otras fuentes. Podemos citar los nombres de los también mexicanos Rafael Lozano, Francisco Monterde, José María González de Mendoza, José Frías, Elías Nandino y José Rubén Romero, a quien se le debe bastante por su exitosa inclusión de aún más elementos culturales e imágenes propiamente americanos. Hay ejemplos de haiku también en Antonio Machado, José Domenchina, María Santamarina y Pilar Alberdi.

No sería exagerado decir que el mayor hito para la difusión del haiku en castellano tras de la Segunda Guerra Mundial fue la traducción realizada por Octavio Paz y el japonés Eikichi Hayashiya de la ya mencionada Sendas de Oku, publicada en la Universidad Autónoma de México en 1956. Esa edición pasó prácticamente desapercibida, pese a que fue la primera de esta obra a cualquier lengua europea, tal y como es debidamente indicado en el prólogo del libro. Se reeditó posteriormente en 1971, con mejor suceso, luego en una edición especial bilingüe en 1991, y sería luego incluida también en las Obras Completas del Premio Nobel. Paz seguiría teorizando sobre el género y la poesía japonesa en general, dando los primeros pasos para llenar los vacíos de conocimiento tan notorios que había en nuestro idioma acerca de este. Y, como era esperable, compuso él mismo varios haiku notables.

Destacan a su vez los aportes de Jorge Luis Borges, cuyos exquisitos Diecisiete Haiku (1981) son ahora referente obligado. La menos afortunada pero sí mejor difundida incursión en este tipo de poesía por Mario Benedetti quedó reflejada en su Rincón de Haikus.

Ya durante la última década, gracias a la masificación del Internet, la difusión del haiku en español ha tomado un fuerte impulso. Sin ser demasiados, diversos foros y sitios especializados (unos cuantos de extraordinaria calidad) reciben y analizan haiku de autoras y autores de todo el planeta, difundiendo a la vez material teórico sobre el género en sí o sus temas afines. Sin embargo, dicho movimiento en el ciberespacio sigue siendo modesto comparado con el que puede rastrearse en otras lenguas. Y, hasta donde se ha podido tener noticia, las publicaciones relacionadas con haiku (ya sean traducciones o producción original), son más bien escasas tanto en Latinoamérica como en España.

En la próxima -y final- entrega, se abordarán las polémicas básicas acerca de las "reglas" que existen a la hora de evaluar y componer haiku.


Koe Takehara


1 comentario:

La Dama Ambulante dijo...

aquí te fallo, pues prefiero el haiku clásico japones, no me gusta el haiku occidental, siento que no es lo mismo