martes, 8 de junio de 2010

Costa Rica y el Referendo del Odio (Parte 1)

Después de mucho tiempo ausente del templo (otra vez) quería compartir con los estimados lectores mi punto de vista acerca de la actitud que existe en el país respecto a la posición sobre la población homosexual y sus derechos, en particular el derecho a formar una familia. Lamentablemente no he tenido tiempo de escribir todo lo que pienso, aún asíme gustaría compartir con ustedes este excelente artículo del Alfonos J Palacios Echeverría, que salió hoy en el diario digital informatico.com y algunos de los comentarios. El artículo se escribe a propósito de la intención del TSE de someter a consulta porpular el proyectod e ley para crear las sociedades de convicencia (un tipo de union civil de parejas homosexuales, que tendría algunos de los derechos que tienen las parejas heterosexuales casadas).Nada de lo que hay a continuación es mío, pero aún así me parece importante compartirlo Sin más les transcribo el artículo:


Tribunal Electoral y Homofobia (I PARTE)



A través de los medios de prensa nos hemos enterado que el Tribunal Electoral provechará las elecciones municipales del próximo mes de Diciembre para realizar una consulta ciudadana, a fin de que sea el pueblo quien decida si se permiten las uniones civiles entre homosexuales, con los derechos legales inherentes, o no. ¿Es una trampa o un acto bien intencionado?


Alfonso J. Palacios Echeverría.


Esto, que parece tan democrático puede no serlo, pues -como señalan los grupos que defienden los derechos civiles de los gays y lesbianas- sería darle a una mayoría que no está clara en sus criterios, el poder de decidir sobre los derechos de una minoría. Y que el problema de la homofobia altamente extendida en nuestra cultura, puede jugar un papel importante en la negación de sus derechos.

Como es un tema delicado, me tomé la libertad de consultar diversos autores que han estudiado el tema de la homofobia, a fin de comprenderla mejor y tratar de apreciar los alcances de esta situación, y logré resultados positivos para su entendimiento, los cuales deseo transmitir y comentar.

Porque lo que está en juego, o lo estará en Diciembre, son los derechos humanos de un grupo de ciudadanos, más amplio de lo que uno se imagina, a los que se les niegan éstos en violación flagrante de la Constitución y los principios legales más básicos, según argumentan.


Lo primero es entender lo que es la homofobia, que jugará un papel importante en esta consulta.


Y para ello transmito definiciones de especialistas en temas sicosociales. La homofobia es una enfermedad psico-social que se define por tener odio a los homosexuales. La homofobia pertenece al mismo grupo que otras enfermedades parecidas, como el racismo, la xenofobia o el machismo. Este grupo de enfermedades se conoce con el nombre genérico de fascismo, y se fundamenta en el odio al otro, entendido éste como una entidad ajena y peligrosa, con valores particulares y extraños, amenazadoras para la sociedad, y -lo que es peor- contagiosos.

La homofobia, como las demás variantes del fascismo, prepara siempre las condiciones del exterminio. Pasiva o activamente crea y consolida un marco de referencias agresivo contra los gais y las lesbianas, identificándoles como personas peligrosas, viciosas, ridículas, anormales, y enfermas, marcándoles con un estigma específico que es el cimiento para las acciones de violencia política (desigualdad legal), social (exclusión y escarnio públicos) o física (ataques y asesinatos).

Mientras que a lo largo del siglo XX los movimientos por la igualdad han conseguido importantes avances en los derechos de otros colectivos estigmatizados o excluidos, como las minorías raciales o las mujeres, la homofobia sigue perviviendo en la sociedad impunemente, sin que haya una conciencia colectiva de su peligro.

Muestra de esta situación es que, por ejemplo, todavía en muchos países las relaciones homosexuales están penalizadas; se escuchan chistes de mariquitas en los medios de comunicación; lesbianas y gais son agredidos por bandas de neonazis; se hacen redadas policiales en los locales de ambiente gais, y sus derechos no están equiparados a los de las personas
heterosexuales.

Todo el mundo recuerda que los nazis exterminaron a varios millones de judíos; nadie recuerda que también exterminaron a cientos de miles de homosexuales, y que tras la derrota nazi muchos de ellos siguieron en prisión porque en Alemania (antes y después de la 2ª Guerra Mundial) la homosexualidad era delito.

A nadie se le ocurre hoy hacer un chiste antisemita en la radio o en la televisión; en cambio, todas las semanas escuchamos chistes homófobos en estos medios. ¿Por qué? Porque aún no hay instrumentos suficientes para que la homofobia sea nombrada, pensada, combatida con rotundidad.

Un ejemplo de ello está en que, 1997 fue el Año Europeo contra el racismo y la xenofobia, hubo cientos de actos para concienciar a la sociedad contra estas variantes del fascismo, pero no se celebró ningún acto contra la homofobia.

Es más, la Real Academia se ha negado a incluir el término "homofobia" en el diccionario, tras solicitarlo varias veces distintos colectivos gais y antirracistas.

La homofobia tiene una larga tradición en la historia de la humanidad, no tiene un origen único, ni una cabeza visible, ni un objetivo, ni una razón histórica, está enraizada en diferentes culturas, épocas, clases sociales, instituciones.

El tema tiene raíces mucho más profundas y complejas de lo que nos imaginamos.

Por ejemplo, desde la infancia los niños aprenden de lo que ven y oyen. En un hogar donde los padres (o uno de ellos) son homófobos, donde se escuchan comentarios o insultos contra los homosexuales, se está fomentando la futura homofobia de los niños.

Esto tiene dos graves consecuencias para ellos: si el niño/niña tiene deseos homosexuales, se verá traumatizado por ese ambiente hostil y será incapaz de poder asumir con naturalidad su deseo; además -independientemente de su opción sexual- se estará criando a un futuro homófobo, y reproduciendo por tanto un sistema fascista.

Los padres deben tomar consciencia de esta situación. El lenguaje cotidiano está lleno de expresiones homófobas, que traducen y legitiman ese estado de odio y agresión: maricón, bollera, tortillera, bujarrón, sarasa, moña, playo, cueco, culero... la riqueza del castellano en este ámbito es casi ilimitada, fiel reflejo de nuestra igualmente rica tradición homófoba. Hay que denunciar ese lenguaje, desenmascarando su violencia interna.


El Estado, el Ejército (donde existe) y la Iglesia son tres instituciones tradicionalmente homófobas.

El Estado aprueba el matrimonio entre parejas de distinto sexo, concediendo unos derechos legítimos a estos ciudadanos, y margina por razones de orientación sexual a otras personas, lo cual es inconstitucional según el criterio de algunos especialistas.

El Ejército persigue activamente a las personas homosexuales cuando están bajo su jurisdicción, e inculca valores homófobos y machistas.

La Iglesia Católica, fiel a su histórica tradición de promotora de exterminios, sigue atacando las relaciones homosexuales con declaraciones agresivas, y promoviendo el odio hacia las personas homosexuales.


Lo mismo ocurre con la mayoría de las demás religiones del mundo. Desde los movimientos sociales y políticos encontramos actitudes similares. Los grupos de crítica social, tradicionalmente identificados con el nombre genérico de izquierda (socialismo, comunismo, anarquismo, etc.), siempre han dejado de lado el problema de la homofobia, cuando no han participado activamente en ella (Castro, Stalin).

Las ONGs antirracistas tampoco han tomado conciencia hasta hace poco de la necesidad de incluir el trabajo contra la homofobia como uno de sus objetivos.

Los grupos políticos conservadores siempre han estado a favor de la homofobia (Reagan, Thatcher, Bush), financiando a grupos parafascistas homófobos, o rechazando iniciativas legales de igualdad (Felipe González, Aznar, en el caso de España).

En el mundo académico-científico el discurso médico tomó el relevo en el siglo XIX a la religión en la tarea de estigmatizar y reprimir ciertas opciones sexuales: de ahí nace a finales del XIX la categoría de homosexualidad como enfermedad, una de las raíces de la homofobia del siglo XX.

Los discursos médicos, psiquiátricos, sociológicos, y de la ciencia en general debieron posteriormente abandonar sus estrategias de segregación y dejar de señalar la homosexualidad como algo específico, desviado, anormal o enfermizo.


Desde los medios de comunicación: la radio, la prensa, la televisión, transmiten continuamente imágenes y contenidos homófobos. Por ejemplo, cuando hay un asesinato, si el asesino es gay, se incluye este dato como relevante en el titular, si es heterosexual se omite. Esa manera de dar una noticia es abiertamente homófoba, y manipuladora.


La radio y la televisión emiten chistes que hacen escarnio y burla de lesbianas y gays, e introducen imágenes pintorescas para ridiculizar a los homosexuales. Una prueba de ello son las caricaturescas figuras de personajes gays en las telenovelas latinoamericanas.


Desde los propios homosexuales se aprecian actitudes homofóbicas: en vez de hacerse cómplices con chistes, referencias degradantes, léxico homofóbico y cosas parecidas, gays y lesbianas tienen la responsabilidad de luchar contra la homofobia, organizándose, manifestándose, saliendo del armario, perdiendo el miedo, reivindicando sus derechos, denunciando las agresiones, haciéndose visibles para atacar a los homófobos, para que el resto de la sociedad sepa que existen y entienda que la lucha contra el fascismo es una lucha de todos.


El problema más importante para las decisiones de Diciembre radica en que la homosexualidad y la religión están unidas en una relación con muchos altibajos, puesto que siempre se ha tachado a la atracción de un individuo hacia otro de su mismo sexo como algo antinatural, desagradable, incluso de una repulsión hacia Dios.


Las manifestaciones de rechazo suelen ser variadas y por lo general muy contundentes: desde su rechazo verbal, hacia una campaña de satanización por parte de una institución cuyo propósito inicial es el de salvaguardar la paz de un individuo con una divinidad.

De allí que resulte en cierta forma peligrosa la convocatoria del Tribunal Electoral para que la población tome una decisión sobre el tema. Pues se está exponiendo a una decisión errónea por parte del electorado, por ser éste, en su gran mayoría homófobo, y aún más, ignorante e influenciado por religiones que les condicionan sus criterios.


Comentarios al artículo por parte de lectores de Informatico.com

Invito a los lectores a revisar la sección de comentarios del artículo, lamentablemente muchos estan teñidos de fanatismo religioso e intolerancia, pero son importantes para entenderla visión que tiene una gran parte del pueblo costarricense. Dejando de lado este tipo de comentarios, quiero compartir un par que enriquecen lo dicho por el autor del artículo:


Luis Jorge Zeledon


Por más que trato no puedo entender la razón por la cual algunos felices (y otros no tan felices) matrimonios se sienten tan amenazados por la eminente realidad de los matrimonios homosexuales. Alguien va a tener que ilustrarme cómo el contrato matrimonial de personas que ni conozco, y tal vez ni voy a tener nunca el placer de conocer, vaya afectar la relación que mi esposa y yo hemos forjado por 29 años. Ella y yo trabajamos en equipo para el bien común, con todas las obligaciones y beneficios del caso, y como nosotros, existen en Costa Rica un cachimbal de otras parejas que han decidido seguir el mismo camino. Esa parejas, hetero ú homosexuales, merecen las mismas oportunidades que tanto me han beneficiado a mi esposa y a mí. Francamente, sería lo justo.


Si partimos de la premisa que toda pareja en nuestra bella y justa patria debe ser tratada por igual, entonces, ¿por qué se a desatado tanta confrontación y turbulencia últimamente? Creo que la respuesta está en el contexto. Desde el punto de visto religioso, un matrimonio es un “sacramento”, acompañado de sus rituales particulares y definido muy específicamente por el dogma del grupo religioso que lo imparte. Defiendo a muerte el derecho de esas instituciones religiosas a dictar quién y cómo ese “sacramento” va a ser impartido. Afortunadamente, el tema actual no tiene ABSOLUTAMENTE nada que ver con esos rituales religiosos, sino un contrato desde el punto de vista civil que liga a dos personas a las obligaciones y derechos que toda pareja en Costa Rica tiene. La piedra angular de la sociedad es la familia, y cualquier maestro de obras puede constar que esas piedras angulares vienen en una gran variedad de tamaños, colores y formas.


Jose Manuel


Señor Scorpion, no me dirijo a ud., porque no es mi interés sacarlo de su ignorancia que es solo el espejo de su triste vida.


Me dirijo a los demás: lo que que ésta persona tras el seudónimo scorpion aduce es completamente falso.


Nosotros los gays si podemos formar familias si lo deseamos y tenemos la fortaleza se llevarlo a cabo a pesar de las enormes barreras que a nosotros nos toca superar.


También procreamos hijos, carnales, que llevan nuestros genes. Hay muchas maneras de lograrlo. Y muchos adoptan hijos, aunque a veces haya que salvar complicados escollos de legalidad y de sociedad.


Pero se da y no es completamente fuera de lo común. Tenemos varias parejas homosexuales a nuestro alrededor que también tienen hijos.


En algunos países se esta avanzando mucho en esa materia y facilitando y normalizando la situación para diferentes formas de familia. En Costa Rica la ventaja hasta ahora para nosotros ha sido encontrar espacios de mucha abertura y tolerancia. Pero hasta ahí, en general la homofobia domina casi todas las esferas sociales en este país.


Mi pareja y yo tenemos 2 hijos. Un muchacho de 18 y una hija de 12. El muchacho es mi hijo carnal y nuestra hija la de mi pareja, también su hija carnal.


Nosotros tenemos una relación de pareja y familia desde hace 23 años. Las leyes y la actitud de la sociedad han sido durante todos estos años muy desfavorables para nosotros pero al final siempre se encontró una solución, ya que en muchas instituciones claves y con sentido de apoyo a la sociedad hemos encontrado apoyo y comprensión. Aunque no siempre es fácil y más de una vez nuestra familia se vió amenazada por instituciones y por personas que pretendían tener derecho a imponernos toda clase de prohibiciones y limites. Innecesario nombrarlas todas. Al final ha sido la fortaleza que tenemos como familia la que nos ha dado aliento para no ceder en ese tortuosos camino. Muchas veces el mismo apoyo de nuestras familias ha sido decisivo e incondicional. En algunas familias no es así.

Nuestros hijos no son homosexuales. Aunque para mí y mi pareja no sería un problema si lo fueran. Y aunque sea muy triste decirlo, pero prefeririamos que no lleguen a serlo, solo para que no les toque a ellos nunca vivir las cosas que a nosotros nos tocó soportar.

Yo soy ingeniero eléctrico. Trabajo para el ICE. Mi pareja es agrónomo. Nuestro hijo es una persona muy sociable y se sabe desenvolver muy bien, La gustan los idiomas aunque quiere estudiar física, el año pasado obtuvo uno de los mejores promedios en todo Costa Rica. A veces dice que quiere ser astronauta porque le fascina todo lo del espacio. Aunque últimamente lo vemos muy entusiasmado con la medicina y la cinematografía. No sabemos. Nuestra hija sabe desde hace como 4 años que quiere ser médico veterinario. Es la mayor opositora a la minería en Crucitas. A ratos dice que se va hacer modelo o actrís de cine y nos deja a todos con la boca abierta. Nadie sabe que contestar. Que se haga lo que sea, siempre la adoraremos como es. Ella es saprisista como yo. Mi pareja y mi hijo liguistas hasta la médula.


En fin, en el fondo somos una familia completamente normal. Afrontamos problemas y tenemos sueños como cualquier otra familia.


Jamás pensé que la sociedad costarricenses llegara jamás a discutir este tema de manera seria y madura. Y sin embargo lo está haciendo, por partes, lentamente pero hay avances, especialmente en lo que a la actitud general de la población respecta. Falta mucho aún por recorrer.


Desgraciadamente no así en el para nosotros tema central de la parte jurídica, legal. Los gobiernos costarricenses han hecho hasta hoy de la homofobia su política y en leyes que nos protejan, este país está muy rezagado. Discutir el tema está bien, debe hacerse. Aunque eso no signifaca que nuestros derechos deban ponerse en entredicho. Son derechos y basta. No consigo entender como oficialmente un gobierno que diga que respete la constitución se niegue a darnos nuestros derechos como si fuera su potestad decidir el destino de familias y seres.


Esa actitud de parte de los gobernantes es avergonzante, es criminal y es ilegal.


No me referiré al pretendido referendo porque sería como referirme a aprobar campos de concentración o exterminio. Ni más ni menos. Eso eso. Ese referendo no debe realizarse si el amor al prójimo aún juega algún papel en este país.


Solo quería aclarar que las familias formadas a partir de uniones entre homosexuales no solo son posibles, sino que son una realidad que no desaparecerá aunque la iglesia y la sociedad sigan diciendo que así debe ser como si se tratara del sol que gira alrededor de la tierra.


Eso es todo y próximamente una segunda parte con mis apreciaciones del tema


Gurdiak Tinar

4 comentarios:

Gurdiak Tinar dijo...

ESpero sus impresiones del artículo del señor Palacios, así como sobre el tema

JAY dijo...

Excelente post, yo he estado opinando activamente en la nacion cotra este referendo. Es increible como la derecha cristiana esta tan desesperada que ahora la esta emprendiendo contra la comunidad LGBT del pais.

Si hay referendo sepan que voy a votar a favor de la ley. Hay que defender el derecho a decidir.

La Dama Ambulante dijo...

Definitivamente un país atrasados en cuestiones humanas. Concuerdo con Jay, yo estoy a favor de la ley!!

Konopikyu dijo...

A mi me gustaria ser optimista pero dudo que dejando decidir al pueblo se pueda sostener el derecho humano de este grupo social. Me parece que es una forma muy cruda de como el estado se deshace del problema dejandole a la gente la desicion.

Yo tambien dare mi voto a favor, pero igual me parece injusto que yo tenga que votar para que alguien mas tenga un derecho que yo tengo desde que naci.