martes, 26 de abril de 2011

¿Para qué clases de religión en Costa Rica? (Articulo de la Revista Paquidermo)

El otro día, mientras revisaba algunas cosas en Facebook, mi compañero Marco (Hideki-Sama) había compartido un articulo de la Revista Paquidermo. El cual trataba un tema muy interesante sobre como se dan las Clases de Religión en Costa Rica.

La verdad esta nota me parecio bastante interesante. Por lo que de plano aprovecho la oportunidad para también compartila con nuestros lectores.

Articulo por: Andrey Pineda Sancho.

La noticia publicada por el diario La Nación (22/02/2011) titulada “Un 43% de colegiales desistieron de llevar Religión” vuelve a poner sobre el tapete un problema que de ninguna manera es reciente, aunque muy probablemente en la actualidad se esté agudizando. Cuando el 43% de estudiantes se da de baja – con el consentimiento de sus padres – de la clase de religión, la duda que desprende el título del presente artículo queda más que justificada: ¿Cuáles son los motivos que hay detrás de esta deserción?

El director de Comunicación de la Arquidiócesis de San José, Mario Segura Bonilla ofrece la siguiente respuesta: “El joven, por el momento propio de la etapa que vive, anda en una búsqueda y eso le hace salir de los esquemas que especialmente hoy en día se marcan más institucionales y eso hace que, desdichadamente, prime la superficialidad”.

De esta forma el señor Segura psicologiza el problema y, con ello, renuncia a cualquier intento de pensarlo en su complejidad o de asumir algún tipo de responsabilidad ante el hecho. No ha considerado este señor – o sí y no lo dice – que a lo mejor la “superficialidad” que irresponsablemente le endosa a la juventud podría tener que ver más con las características de la cultura costarricense de hoy que con el adolecer “propio” de la etapa en la que se encuentran los y las jóvenes.

A la Iglesia Católica costarricense – y en este caso a su vocero oficial – se le olvida – quizá convenientemente – que la sociedad costarricense no es ni cultural ni religiosamente homogénea, y si bien nunca lo ha sido, lo cierto es que en la actualidad la diversidad es imposible de ocultar[1]. El imaginario de la Costa Rica blanca, católica, campesina, heterosexual… no se sostiene más, sin importar cuántas artimañas traten de implementar los grupos que han visto amenazado su capital cultural en los últimos años. En el ámbito religioso, por ejemplo, las encuestas de los últimos veinte años así lo confirman. No sólo ha disminuido la cantidad de personas que se confiesan católicas sino también, y todavía más drásticamente, el número de practicantes regulares. Por contra, de las encuestas se desprende un aumento en el número de personas evangélicas (del 10,2% en 1991 al 17% en el 2009), y también de las personas que se declaran “sin religión” (del 3,5% en 1988 al 9,1% en el 2009)[2].

El pluralismo parece ser el rasgo más sobresaliente de la cultura actual, sobre todo en lo que a religión se refiere. El catolicismo monopólico ya no es una opción viable en la sociedad contemporánea, aún cuando – como en Costa Rica – sea la religión oficial del Estado. Su hegemonía ya no está garantizada. Ahora bien, en medio de un contexto plural: ¿Cómo debe comportarse la educación pública? Pues acorde con ese pluralismo, como debió haberlo hecho siempre. El sistema educativo ha tendido –y lo hace aún- a la homogeneización cultural, por ende, ha operado bajo una suerte de desprecio e invisivilización de la diversidad. En lo religioso, por lo menos en algún momento, esto se justificó en virtud de la aplastante mayoría católica; no obstante, como expusimos anteriormente, en la actualidad ésta no es ya una justificación válida (en realidad creemos que nunca lo fue). Ante una diversidad de creencias y de formas de ser, lo mínimo que le corresponde a la educación formal es respetar y promover esta pluralidad de identidades.

Pero, lamentablemente, la enseñanza de la religión en nuestro país es confesional, representa, en términos generales, la antítesis de una educación respetuosa y promotora de la diversidad religiosa y cultural. Para muestra un botón:

Según la nota de La Nación el sacerdote Segura “insistió en que la clase de Religión es importante porque procura rescatar los valores”. ¿Pero a cuáles valores se refiere? Sin duda a los católicos, ni siquiera podemos decir que a los cristianos (por más que la Iglesia Católica pretenda ser la única expresión del movimiento histórico cristiano). Prueba de ello es que no se ofrece ninguna alternativa seria para quienes – en todo derecho – deciden no tomar la clase de religión[3], como podrían ser, por ejemplo, clases de humanismo secular, filosofía, ética, historia de las religiones (y del ateísmo), o bien, teología sin más.

Consideramos que, aún cuando obstinadamente se insistiese en mantener la enseñanza de la religión, al menos sería sensato orientarla desde una perspectiva no-confesional. Podría comprender, por ejemplo, la historia de las “grandes religiones” (sin omitir sus abusos), haciendo especial énfasis en lo que tengan de ecuménicos y humanistas sus respectivos sistemas axiológicos. De la misma forma, podría – más bien, debería – acercarse a las tradiciones espirituales vinculadas a los pueblos originarios de América, por ejemplo la maya, culturalmente tan cercana a nosotros. Sólo por mencionar algunas alternativas.

Sospechamos que a la jerarquía católica poco le importarán estos argumentos. Poco le interesa la promoción y el respeto de la diversidad. Más bien, añora los tiempos del antiguo modelo de cristiandad. Sin embargo, lo quiera o no esta institución, y por más que se cobije bajo el artículo 75 de la constitución política, la deserción continuará aumentado, de la misma forma que seguirá en aumento su perdida de influencia y poder dentro de la sociedad costarricense.

No preguntamos qué pensaran al respecto los y las jerarcas del MEP. Es difícil que la Iglesia Católica renuncie a sus privilegios, pero ¿qué excusa tiene el Ministerio de Educación para mantener la enseñanza confesional de la religión? Podríamos ensayar varias posibles respuestas; no obstante, sería más interesante escuchar alguna proveniente de alguien con autoridad dentro del Ministerio.


Imagen por: Daquella manera
Fuente: Revista Paquidermo

¡Saludos!
Sendoshi Kurumada

1 comentario:

Dakuro dijo...

Definitivamente, no se deberia ensenar ninguna clase de religion ni escuelas y colegios, que pasaria si mi hijo es budista y yo soy demasiado anticuado y le ensenan catolisismo a mi hijo ? de ningun modo lo permitiria ademas escoger un camino a seguir es criterio de cada persona, generalmente estos caminos ya pueden ser elegidos alrededor de los 25 a~os, el articulo que lei salio en la nacion hace algunos dias.