sábado, 21 de mayo de 2011

Conectividad (o crónicas del desencuentro virtual)





Conectividad


I

Él, futuro académico de Princeton
se conecta para hablar por Skype
con su novia latina.
Ella, que lo espera a diario, mata el tiempo
entre YouTube y Wikipedia

repasa todos los pormenores del día
que no pasarán de su garganta.

Su hombre va a callarla
sabe hablar tanto y tan bien de sí mismo
o demostrarle al borde de los gritos
que es una idiota.
Jamás le pregunta cómo está.

Solo calla cuando, a veces,
las cámaras web dejan ver
el brillo de algunas lágrimas.
Siente entonces una vergüenza
que no duda en expresar:

“Mirate, sos una irracional”.


II

Treinta años. Neoyorkina. Trabajo estable sin futuro.
Las fotos de una modelo de tercera
que usa en cada uno de sus perfiles
le ayudan a lidiar con su obesidad.

Hoy llora y no deja de publicar su desgracia enTwitter:
su prometido virtual, el soñador italiano
la ha dejado sin razón aparente.

Ríe al leerlo el responsable, un quinceañero español,
que cuando no juega en línea
gusta de coquetear y masturbarse mientras chatea
con al menos dos mujeres a la vez.



III

Sin sueños ni ganas de tenerlos
discute de nuevo con su madre
porque no busca empleo
ni estudia, ni ayuda en casa.

Ya en su cuarto
mastica su rabia con frases que mezclan
el japonés con el klingon

ingresa a sus foros favoritos, donde es alguien,
y opina:

el ánime está en decadencia
terminar un noviazgo por Messenger no es cobardía
el pleito entre Marvel y DC cómics no tiene sentido.



IV

Una foto de mi abuelo está en Facebook
por culpa de una tía.
Nada tiene que ver ese hombre de la imagen
con el describen los comentarios de otros nietos
que jamás lo visitaban.

Para mí, él es una conversación en febrero,
la tarde en que pasé por su casa y el Alz Heimmer
lo dejó reconocerme por última vez.

Hizo mil preguntas sobre mi vida
me contó por horas acerca de mi abuela, sus hijos,
sus pequeños logros o lo que nunca hizo
hasta que tomó un respiro para decir:
“Gracias”.

Esa tarde que él no recordaría
lejos de cualquier pieza de silicio
supe abrazándole
lo que la vastedad de todas las redes

no comprenderá jamás.


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Yo, ese tercero by Alonso Ramírez Hernández is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.

1 comentario:

JAY dijo...

Muy interesante, son cosas que pasan en nuestra virtualidad real, el Internet ha creado una mascara más que usamos para impresionar a aquellos que posiblemente nunca veamos.