lunes, 9 de julio de 2012

Filosofía: "Una guía del buen vivir"


"De qué me sirve la geometría para dividir las cosas, si no sé compartirlas con mis hermanos" (Séneca)

Hace más de dos mil años Epicuro afirmó que los argumentos de la filosofía son vacuos si no mitigan ningún sufrimiento humano. La filosofía no siempre consistió en el postulado de teorías abstractas ni en la contemplación de confusos textos, sino en el cultivo de un arte de vivir asociado a los problemas más inmediatos de la vida cotidiana. Sócrates y sus discípulos se sorprendían de que las personas miren una y otra vez los objetos materiales que compran, mientras examinan tan poco sus vidas.

En contraste con esta perspectiva, en los últimos siglos la filosofía devino una disciplina exclusivamente académica y tributaria de un culto fetichista a la personalidad. Atañe a la vida cotidiana despierta rápidamente la sospecha de banalidad. En el mundo moderno el filósofo por lo general ha cultivado un lenguaje oscuro que desvinculó a la filosofía de la sociedad y ganá el favor de quienes adoran venerar lo que no comprenden. El filósofo huye de la vulgaridad pero escribe en un codigo pretensioso. El resultado de esto es que buena parte de las personas creen que la filosofía es demasiado abstracta e inútil para no languidecer en algo, carente de vida.

Sin embargo esa ultima oración solo nos conlleva a un crazo error. Pues en los últimos años en distintas partes del mundo se a buscado una corriente vinculada con la filosofía práctica que busca devolver el conocimiento filosófico al espacio público, estableciendo un canal que le permita salir de la cerrazón en que lo mantiene la academia para contribuir de diversas maneras al bienestar social y personal.

Cuando está a punto de cumplir cuarenta años, una mujer se pregunta si desea o no ser madre. Un estudiante es reprobado en un examen y duda si continuar o no con la carrera que ha elegido. Un hombre tiene que decidir si contraría la voluntad de su madre y la interna en un geriátrico. Una chica se pregunta si tiene sentido continuar con dos relaciones amorosas que no la satisfacen por completo. Alguien que lucha contra sus ataques de ira. Estas y muchas preocupaciones son las que pretende abordar la corriente de la "Filosofía de lo Cotidiano".

La Filosofía de lo Cotidiano, entiende a la ética como un arte de vivir comprometido con las cuestiones de justicia. No es un recetario prescriptivo ni está compuesto por una lista de prohibiciones conservadoras y fascistas, deudoras de dogmas religiosos. No pretende sustraer uno de los valores sustantivos de la ética, que es la creatividad de establecer qué resulta más conveniente hacer en cada caso. Prefiere las preguntas a las respuestas tajantes de ayer, hoy y mañana. Pues como dice una vieja canción por ahí: "No hay un único arte de vivir. Sino un mundo de formas de vida que pueden convivir en paz".

 Desde Sócrates y Platón en la antigua Grecia, hasta Lao-Tzé y Confucio en la antigua China, la filosofía de lo Cotidiano, pretende recuperar los principales valores para la vida cotidiana de las personas.

La auto-reflexión filosófica de nuestra rutina; puede alimentarse de diversas corrientes y teorías. Aunque la base fundamental parte de la idea de Kierkegaard de que toda ayuda verdadera comienza con un acto de humildad, con la convicción de que si bien se puede manejar cierto conocimiento, es dudoso que se tenga respuesta a todas las grandes cuestiones. Esta concepción no pretende ser un rival de las teorías Psicologicas. Sino una herramienta para que partiendo de un interes claro y un deseo propio, cada uno de nososotros busque sus propias respuestas entorno al mundo interno y externo.

¿Qué significa esa hoja que cae sutilmente? ¿Qué campo espiritual mueve a los acontecimientos que desfilan ante nosotros? la pregunta sobre el acontecer cotidiano se despliega en la reflexión humana, con la cual el hombre, reflejándose a si mismo en el acontecimiento, se inclina sobre si mismo para tratar de descubrir, en la trayectoria de una hoja que cae, el escrito que le hable de su propio curso por el tiempo y que le diga lo que es la existencia y comportamiento que a veces es tan determinado y que hace tanto meditar...

Los problemas no son vistos como "enfermedades", y mucho menos como "enfermedades" que deben ser "curadas". También las emociones constituyen formas de estar en el mundo: quien se deprime o se irrita actúa de tal forma que comienza a ser tratado y definido por otros como "depresivo" o "irascible", y de este modo condiciona algunas de sus experiencias futuras.

Aunque es posible obtener la omnipotencia de la razón, nuestras ideas condicionan nuestros sentimientos, así como nuestros sentimientos también suelen configurar nuestras ideas. En ocasiones el campo de la palabra parece insuficiente, y es preciso recurrir a nuevas experiencias o modificar activamente el entorno, pero incluso en tales casos la reflexión es necesaria para guiar las acciones a buen término.


La experiencia cotidiana del ser humano no es una generalidad. Va cambiando según los tiempos y lugares. Es una experiencia común para todos los que viven dentro de una misma situación histórica, y llevan la impronta de una cosmovisión dada y de una estructuración social. Es decir, la experiencia cotidiana es también una experiencia personal, es distinta para cada individuo.

Cuando vemos una serie de televisión realmente no estamos pendientes de su significado moral, simplemente buscamos el entretenimiendo que esta nos proporciona. Sin embargo la mayoría de los programas que vemos esconden algún significado más transcendente que la historia de unos personajes. Los acontecimientos que vemos reflejados en la ficción, suelen ser un espejo de la realidad que queremos ó tememos. El sentirse identificado con las escenas, nos da una percepción metaforica de nuestra vida. En donde cada uno de nuestras acciones puede ser guiada por nuestras propios deseos y pasiones.

Heidegger afirmaba que el hombre es el único ser que muere. Lo decía en el sentido de que el ser humano es el único que está consciente de su propia muerte, conciencia que le lleva a la revelación de la finitud y precariedad de su existencia. Esta verdad, aunque dolorosa, debería conducirle, si fuese auténtico, a asumir que es un ser contingente y finito y, por lo mismo, debería verse obligado a vivir intensamente cada instante de su existencia. 

Sin embargo, muchas personas huyen de esta revelación refugiándose en las religiones que les prometen vida eterna. O se ven condenados al quietismo y la desesperación, sin comprender lo maravilloso de la vida y sin entender que el único imperativo moral válido es el de ser felices. La vida es tan corta que lo mejor es disfrutarla, lo cual no significa hacer lo que venga en gana y actuar sin escrúpulos aprovechándose de todos, entregándose, cual cerdo, a cualquier clase de placeres o llevar una vida frívola llena de cosas materiales pero sin cultivar el alma, como lo pedía Sócrates.

No. Disfrutar la vida, se refiere a buscar permanentemente la felicidad en cada cosa que se hace; en encontrar, aún en lo trágico, el valor de una existencia única que revela que esa vida que se vivió valió la pena, y que valdría la pena volverla a vivir.

Es la enseñanza que se debería sacar cuando, por ejemplo, se ve envejecer a alguien a quien se ama y, aunque su vejez duela en el alma porque junto a ella va la decadencia y la pérdida de autonomía, y acaso dignidad, es una realidad que todo ser humano debe enfrentar. Aunque ver personas que envejecen sea algo común, cuando esta acontece en la inmediatez de la esfera individual, se revela como una cruel verdad que nos enfrenta de golpe ante la realidad de la muerte y el sentido absurdo de la existencia pues se sabe, ahora sí de manera certera, que ese es el destino de todos.

Sin embargo, esta revelación no debería impulsar a buscar distintas maneras de evadir la vida ante su falta de sentido. Por el contrario, debería hacer que todos la amen con mayor intensidad en una permanente entrega, en un constante gozo del momento efímero, asumiendo con completa dignidad su carácter absurdo. Así, de un hecho cotidiano, común a todos los seres y a todas las cosas, como lo es la vejez, se puede hacer una serie de reflexiones que volverán a la vida de todos los días en forma de sabiduría. Esta a su vez, deberá orientar a la persona en la búsqueda constante por encontrar el sentido de su existencia, lo que incluye también, plantearse objetivos, desarrollar un tipo de vida y cultivar el alma. Le servirá de guía en los momentos de oscuridad y de consuelo en las horas de desamparo; de cómplice en los instantes de placer y de confidente en la época de duda.

He aquí pues, cómo la filosofía revela su valor y utilidad para la vida de los hombres y mujeres de todos los tiempos. Este saber no está encerrado únicamente en las aulas de la academia. Está en la calle, en los hechos cotidianos de todos los días de todas las épocas y de todos los seres. Solamente se debe estar atento a los acontecimientos de cada instante, pues ahí se muestra. Se debe descubrir en aquellas acciones y hechos que de tan comunes ya no se ven. Cuando se le descubre en la vida cotidiana, se comprende su valor y se percibe la luz que emana de su tradición y que nos alumbra permanentemente en el transcurrir de la existencia.

¡Saludos!
Sendoshi Kurumada

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