miércoles, 7 de noviembre de 2012

007: Skyfall – o del encuentro de James Bond con un nuevo sí mismo

En ocasiones, el mejor modo de innovar es volver a la raíces, pero atento  a lo que te rodea ahora. Esta parece ser sin duda la premisa que Sam Mendes siguió para darle forma a su filme sobre el agente 007, mito del cine como pocos hay, en el cual se juntan el tributo a una tradición fílmica de cincuenta años y una atención plena al contexto cultural y cinematográfico de hoy. Pero no nos adelantemos más de la cuenta. Mientras, déjenme presentarles el más nuevo y fabuloso fruto de la saga de Bond, James Bond.




Skyfall

Ficha Técnica

Dirección: Sam Mendes
Producción: Barbara Broccoli, Michael G. Wilson.
Guión: John Logan (!), Neal Purvis, Robert Wade
Música: Thomas Newman
Fotografía: Roger Deakins
Montaje: Stuart Baird
Elenco: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Naomie Harris, Ralph Fiennes, Bérénice Marlohe, Albert Finney, Ben Whishaw

Sinopsis

Tras de una misión fracasada en Turquía, los destinos de 007, M y todo el MI6 penden de un hilo. Un fantasma del pasado de la agencia de inteligencia del Reino Unido busca venganza, usando métodos sádicos y la más alta tecnología. Lleno de dudas y lejos de su mejor forma, el agente James Bond tiene que decidir acerca de sus lealtades y cumplir con una misión en la que su mayor obstáculo es un hombre que, al parecer, le supera en casi todo sentido.

Algo acerca de los personajes


Daniel Craig como James Bond:    Al ver esta película, uno tiene la sensación de que muy pronto Craig será el Bond por excelencia. Sin demérito de Connery, pero vemos a un actor que se ha entregado por la evolución de su personaje y que nos da en esta película todo lo que queremos del mismo (porte, sofisticación, su sarcasmo infalible, y todas las habilidades asesinas que le aprobamos con sádica complicidad) y cosas que no esperábamos y agradecemos (densidad psicológica, el pasado más escocés que se le pueda dar y complejidad emotiva). Para quien haya creído, y con razón, que se había lucido en Casino Royale, sepa que aún no ha visto nada.


Judi Dench como M: Hasta que por fin los productores de la franquicia dieron con un director que se dijo: “Un momento… ¡tenemos a Judi Dench en el reparto!”. Tenemos la oportunidad de ver a esta actriz extraordinaria dando lo que es capaz en su papel de M. Dotada de una trascendencia y peso argumental fundamentales, vemos un rol femenino que altera los parámetros del universo Bond y lo dota de complejidad. Varias fuentes y críticas dicen que M, y no ninguna de la bellas jóvenes que aparecen en el filme, es la verdadera “chica Bond” de la película. Se equivocan miserablemente: M está en Skyfall para dejar bien claro que ese concepto ha pasado a ser obsoleto. 


 Javier Bardem como Raoul Silva:  Si alguien me hubiera dicho que la proyección de la película iba a ser sólo la secuencia en que Silva aparece por primera vez, me habría dado por satisfecho. Silva es un antagonista (nótese: no es un “villano” en el sentido burdo, es otra cosa, este es una persona) de los que pasará a la historia del cine y sentará antecedentes. Tendría que volver a ver veintidós películas para confirmar si en verdad es el mejor rival que cualquier película de 007 haya tenido, pero sí puedo decir que es en general uno de los mejores que haya visto desde que tengo memoria. Bardem dejó claro que trabajó mucho a su personaje a partir del Lecter de Anthony Hopkins y el Joker de Heath Ledger – esto es evidente, pero dota a su Silva de ese algo particular que hace de un personaje único y memorable, que logra por su cuenta que todo el filme se crezca. Verán que no exagero. (Nota: puede que también pase a ser uno de los complejos de Edipo peor resueltos que vayan a ver en su vida).

Naomie Harris como Eve Moneypenny:     lejos del rol tradicional de las “chicas Bond”, la nueva Moneypenny tiene al menos una historia y motivos. Con todo, es quizá el punto menos fuerte del elenco.

Ralph Fiennes como Gareth Mallory: un personaje con intervenciones breves pero determinante (tiene una posición en el Ministerio del Interior que le permite incluso regular al MI6), Mallory es un personaje que dará mucho de qué hablar en futuras entregas de la saga. Aporta un contrapunto agradecido en varias escenas. Fiennes, como de costumbre, dota de particular dignidad a cualquier personaje que toca.


Ben Whishaw como Q: el ascenso de los ñoños no puede ser detenido, y el nuevo Q llega a demostrarlo con creces. Con su sentido del humor lleno de pasiva irreverencia y arrogante ironía, reinventa al personaje, quien ha pasado a ser una pieza clave de logística. Adiós a la mezcla de juguetero con científico loco.


Bérénice Marlohe como Sévérine: la infaltable femme fatale que, sin embargo, tiene esta vez un pasado que le da razones y cierto peso: ni más ni menos que explotación infantil. Si bien es ante todo un plot device, la actriz lo trabaja con eficacia.

Albert Finney como Kincade: El guardia de la finca de la familia Bond, el cual nos da piezas claves acerca del pasado de James y una pizca de alivio cómico. Como nota curiosa: Sam Mendes pensó seriamente en darle este papel a Sean Connery, los guionistas lo escribieron pensando en él. Pero tuvieron que desistir ante dos situaciones: el primer 007 se ha retirado de la actuación de modo al parecer permanente (ahora se dedica en cuerpo y alma a la causa de la independencia escocesa), y a que el propio director luego se dijo que tener a dos intérpretes de Bond en la misma escena habría sido “casi una blasfemia”.



Comentario sobre el filme

Probablemente sesgado por haber visto aventuras de 007 desde chico, digo sin ambages: Skyfall puede ser, sin dificultad, el mejor filme de James Bond jamás hecho. No sólo por su virtudes formales (la fotografía es embriagante en todas las locaciones, la banda sonora es excelente y genera las atmósferas justas en cada momento, la actuaciones son muy buenas en el peor de los casos, el ritmo narrativo está perfectamente manejado, las escenas de acción son geniales y el guión –salvo dos notable gazapos- casi no  tiene fallos), pero ante todo por el modo es que se constituye en síntesis y superación de lo que su personaje-mito-eje ha sido hasta ahora, planteando muy interesantes terrenos por explorar para la serie.

No cabe duda de que la productora Eon quería lanzar la casa por la ventana con la película con la que celebrarían los cincuenta años de la franquicia más longeva del cine. Sin embargo, al contratar a un realizador como Sam Mendes, no sólo rodearon al producto de un aura anticipada de prestigio, si no que tuvieron la inteligencia de darle la libertad creativa necesaria para que nos diera un material con un cierto nivel de densidad y una vena oscura que ninguno de sus antecesores (salvo Casino Royale) había tan siquiera sugerido.

Lo primero y más interesante, es que la película se pregunta constantemente por qué algo como el agente 007 debería seguir existiendo. Si de verdad queda algo de válido en la figura del espía-aventurero cuando, en palabras del nuevo Q, “uno puede hacer mucho más daño en pijamas desde una computadora” de lo que cualquier agente podría en el campo. Si de verdad tanto “secreto al servicio de Su Majestad” sirve de algo, sobre todo cuando, como dice Silva de modo elocuente, el Reino Unido es también un imperio caído y en ruinas, aunque sea incapaz de contemplarse de esa manera (por ahora). 

El mismo Bond se muestra conflictuado acerca de la validez de su oficio y lo que representa. De hecho, en muchas de las escenas en que Silva o Mallory lo cuestionan a él o M de modo directo, vemos que escucha atento, que las palabras repercuten. Por primera vez, vemos a un Bond que no está seguro si está al servicio de un “bien mayor” de cualquier tipo.

Por otra parte, este filme como ninguno otro de la serie se esmera en dotar a cada uno de sus personajes relevantes de una historia, de motivaciones, y conflictos. Si bien no los explota a profundidad salvo en el caso de la tríada principal (Bond, M, y Silva), lo hace lo suficiente como dotar a la historia de una verosimilitud muy agradecida. Los tópicos de la lealtad, el apego, el manejo de los traumas y el propio propósito en el mundo están muy presentes en cada uno de los tres.

Otro tema fuerte en Skyfall es el desgaste y el paso del tiempo, y de cómo estos le pasan factura a todo, mitos incluidos. Por primera vez –en la serie oficial; Nunca digas nunca jamás es historia aparte- vemos a un Bond que ha envejecido, en cuerpo y mente. El 007 que se veía como una máquina irrestricta de matar en Quantum of Solace ya no existe. Es falible, frágil (esto por segunda vez: su enamoramiento de la magnífica Vesper Lind en Casino Royale fue la primera ruptura en ese sentido), capaz de expresar sentimientos filiales y duda, una figura que ya no puede dar su lugar en el mundo por sentado. James Bond, bajo la visión de Sam Mendes y la interpretación de Daniel Craig, ha dejado de ser la síntesis de todos los arquetipos del patriarcado y se ha convertido en algo mucho más fascinante: un hombre casi real.

Esto queda bien claro en el poema citado por M en un punto clave de la historia, a través del cual director y guionistas nos dan una piedra de toque para entender toda la historia:

Aunque mucho se ha gastado
mucho queda aún;
y si bien no tenemos ahora aquella fuerza
que en los viejos tiempos movía tierra y cielo,
somos lo que somos:

corazones heroicos de parejo temple,
debilitados por el tiempo y el destino,
más fuertes en voluntad para esforzarse,
buscar, encontrar y no rendirse.

- "Ulyses", de Lord Alfred Tennyson.

Fuera de esto, tiene todo lo que las películas de Bond requieren para mantener su identidad: el 007 sigue siendo seductor y encantador, además de que está (por suerte) ya desprovisto del sexismo que la acompañó por largo tiempo. Las locaciones exóticas filmadas de modo atrapante siguen ahí, al igual que unas cuantas situaciones exageradas y de matiz fantástico que, franco, le da su matiz particular. Y lo más importante para los fans de la serie: está repleta, cargada, rebosante de guiños e intertextos de todo tipo con respecto a las 22 películas anteriores,  fundamentalmente con las de Sean Connery. Baste mencionar cuatro detalles entre decenas que pueden ser rastreados: Bond vuelve a usar el revólver PPK característico, los personaje de Q y Monneypenny están de vuelta, y el clásico Aston Martin DB5 con todo su equipo, incluyendo ametralladoras y asiento eyector. Para quien haya seguido al 007 a lo largo del tiempo, no hay desperdicio alguno.

Tengo, eso sí, un punto en contra: excelente como es, me parece que usaron con el personaje de Silva un elemento de guión que, por alguna razón, parece estar de moda. Sin arruinarle a nadie la historia, doy esta pista: se vale de un recurso ya usado por el Joker en The Dark Knight, por Loki en The Avengers, y, si queremos de ir a raíces más hondas, por el preclaro Hannibal Lecter en En el silencio de los Inocentes. Quizá estemos asistiendo  la creación de un nuevo cliché para antagonistas y villanos…

En síntesis: con Skyfall tenemos una película de entretenimiento inteligente y perfectamente trabajado, un grandioso tributo a los cincuenta años de 007 en el cine, y un nuevo punto de partida que llena de aire fresco a una serie que, como demuestra su rotundo éxito de taquilla y crítica, ha sido capaz de reinventarse en el mejor de los sentidos.

- A.R.

NOTA: para quien quiera adentrarse en el tema del ingreso de Bond a la “era de los héroes con densidad” en el cine contemporáneo, recomiendo este artículo, cuya traducción espero compartir en no mucho tiempo. Se titula Skyfall: how James Bond became a poster boy for the new serious (Skyfall: de cómo James Bond se convirtió en un afiche de la nueva seriedad) de David Cox, en el diario inglés The Guardian.

1 comentario:

manipulador de alimentos dijo...

En 'Skyfall' nos encontramos a un Bond crepuscular, después de 50 años, que regresa al origen mientras se enfrenta a un malo ceniciento, Bardem, que se abraza a la muerte. Casi es una de Bergman. Jajaja. Un saludo!!!