jueves, 18 de diciembre de 2014

Por la Defensa y Mejoría de la Educación Publica


¡Saludos! La realidad social nos muestra unos aspectos determinados que invitan al desaliento a quienes tienen tareas de creación de ciudadanos responsables, críticos y maduros. La escuela es una institución que tiene, entre otras funciones, la responsabilidad de preparar personas en esa dirección. Sin embargo la realidad parece ir por otro camino con efectos demoledores en el ánimo de los que tienen esa tarea. La cultura de la queja se consolida con la desesperanza de que es una tarea imposible.

El desánimo se afianza en quien ve que lo público, lo que es de todos y para todos, se privatiza o se utiliza al servicio de los intereses de unos pocos.

EN UNA SOCIEDAD GLOBALIZADA

Para comprender qué está pasando con lo público y la escuela pública es necesario situarnos brevemente en las prácticas sociales que controladas por el poder establecido configuran el mundo que tenemos. Vivimos en una sociedad globalizada en la que los problemas nos afectan a todos por igual aunque los que más recursos y medios tienen se defienden mejor. Los rasgos de esta sociedad marcan la vida de los ciudadanos de forma ineludible, aunque en muchos casos de manera inconsciente.

En el campo de lo económico se está afianzando lo que hoy se conoce como la nueva “e-economía” basada en la electrónica. 

Se defiende la globalización como la mundialización de los mercados, en función de la libertad del capital para invertir a su antojo con el fin de maximizar su rendimiento. El capital se identifica con las nuevas tecnologías poniéndolas a su servicio y éstas se identifican con progreso.

Este matrimonio entre mundialización y tecnología se está traduciendo, desde otros parámetros (el bien común, la cooperación, la igualdad, la solidaridad) en la piratería legalizada de los bienes comunes de la humanidad. 

Otro de los muchos ejemplos que se pueden poner es la apropiación privada de los recursos biológicos, por las multinacionales farmacéuticas, químicas y alimentarias, mediante la elaboración de productos transgénicos y la explotación del conocimiento sobre el genoma humano.


A esto se añade la expropiación autorizada de los derechos de ciudadanía reduciendo a la persona humana a “recurso humano” lo más barato posible y la tendencia, en los países desarrollados, a la mercantilización de cualquier bien o servicio (transportes, correo, teléfonos, seguros, sanidad, educación).

Todo esto se resume en “cada vez menos ‘bien común’ y más ‘bienes privados’ ”. No podemos dejar de hacer referencia al apartheid tecnosocial mundial legitimado (el acceso a Internet) “entre los que saben y tienen acceso a los e-conocimientos” y los que “no saben ni tienen acceso”.

Es el resultado de viejos y nuevos abismos sociales entre instruidos y analfabetos, hombres y mujeres, ricos y pobres, angloparlantes y los demás.

Otro de los rasgos definitorios de esta sociedad es la generalización del pensamiento dominante: el pensamiento único (el no-pensamiento diría el pensador Castoriadis) cuyos elementos más importantes se nos muestran en la prevalencia de lo económico sobre lo político y la subyugación de lo político a lo económico. El capitalismo es propuesto y aceptado como el estado natural de la sociedad.

Desde esta perspectiva sólo el mercado libre es altruista y cubre las necesidades de las personas. Otro elemento central es la aceptación del dominio del mercado financiero, que provoca el desmantelamiento del Estado del Bienestar, la consolidación de la sociedad dual, con una parte mayoritaria de la humanidad en situación de exclusión social y una militarización acelerada de la economía.

La mundialización se extiende tanto a la producción como a la división internacional del trabajo que modera las reivindicaciones sindicales y reduce los costes salariales, lo que lleva a una competitividad creciente, a la desregulación progresiva en favor del mercado, a la privatización y a la liberalización.

En definitiva "siempre más mercado y menos Estado”, un arbitraje constante por parte de éste en favor de las rentas del capital en detrimento de las rentas del trabajo. Y una indiferencia creciente respecto al coste humano.

Así algunos de los problemas que aparecen con más preocupación en las conciencias críticas son: el predominio del modelo de desarrollo americano (desarrollo basado en la explotación de los trabajadores, en el despido libre, en la ausencia de servicios sociales), un crecimiento económico mundial cada vez más desigual, el problema ecológico que requiere un cuestionamiento necesario, el veloz aumento del desempleo y del empleo precario, las migraciones internacionales y una sociedad económicamente dinámica y socialmente excluyente.

En el campo de lo político tras la caída del muro de Berlín se ha extendido el dominio del neoconservadurismo que viene caracterizado por un pragmatismo cada vez mayor.


Este pragmatismo viene marcado por el realismo y el posibilismo ya que todo proyecto alternativo se descalifica tachándolo de utópico. A ello se une la crisis del modelo socialdemócrata como crisis de identidad de la izquierda democrática.

Hoy se percibe claramente una reconversión ideológica en nombre del realismo: la tercera vía. Muchos la vemos como el viaje al centro, como viaje a ninguna parte, pues, significa la aceptación del mercado y la competitividad con determinados tintes sociales y cierta defensa de algunos aspectos del Estado de Bienestar sin más. Se está imponiendo en todos los ámbitos de la vida humana el dominio de la ideología de la eficacia y por encima de todo “la calidad total” que sólo puede estar en lo privado o en la gestión de lo público con criterios privados.

Esto se fundamenta en la pérdida de confianza en las instituciones públicas, en los partidos políticos, en las personalidades, que unido a la pérdida de referentes de sentido (religiosos) están erosionando la vida pública porque no se tiene conciencia de “ser sujeto” de su propio valor como “sujeto” que actúa y se forma al “margen y dentro” de esta sociedad.

También se da una profunda crisis de la política clásica de partidos y comienzan a surgir formas de organización alternativas. La creciente complejidad del mundo, el relativismo moral, la debilitación de las creencias fuertes, el deseo de concordia, contribuyen a seguir la estrategia del pacto y el mandato horizontal, desde los centro de trabajo a las escuelas, desde las instituciones internacionales hasta el interior de las familias.

Por otra parte el poder se jerarquiza (los “trust”, las “mafias”) a la vez que se hace difuso y parece encontrarse en todas partes y en ninguna. En este contexto se tienden determinadas trampas a la educación para que esté de acuerdo con el modelo de globalización neoliberal en la llamada sociedad de la información (Petrella, 2000). Así se da una creciente instrumentalización de la educación al servicio de la formación de los “recursos humanos” y en los centros educativos a los educadores se nos ha convertido en eso, en “recursos humanos”. En los cursos de formación de equipos directivos de centros educativos a este tema se dedican grandes apartados.

Además se propone y desarrolla el paso de la educación del campo de lo no mercantil al campo de lo mercantil convirtiéndolo en mercancía, como algo que llegará a quien lo pueda pagar y su calidad estará ligada al coste de la misma. 

Otra trampa es la presentación que se hace de la educación como el instrumento clave de la supervivencia de cada individuo, simultáneamente también es la clave de la supervivencia de cada país en la era de la competitividad mundial.

Así la esfera educativa tiende a trasformarse en el “lugar” donde se aprende una cultura de la guerra y la competitividad más que una cultura de la vida y la fraternidad. La subordinación de la educación a la tecnología se nos presenta como la gran solución a los problemas de la educación y muchos están poniendo su esperanza en ella, así lo importante es informatizar las aulas y la vida.

 Pero quizás la trampa más desvergonzada es la utilización del sistema educativo como medio de legitimación de las nuevas formas de división social

Estas y otras trampas hemos de tenerlas claras para poder proponer otro concepto radicalmente diferente de lo que entendemos por una escuela pública de calidad no regida por los parámetros del eficientismo y al servicio de la economía del mercado neoliberal.


ESCUELA PÚBLICA: TODAVÍA ES POSIBLE LA ESPERANZA 

Es importante tener claro las trampas que se tienden hoy a lo público, a lo que es de todos y para todos. El insaciable poder social constituido ve en la educación, como en otros servicios públicos, un espacio de poder peligroso si está en manos de los ciudadanos. La única institución que tiene posibilidades de garantizar ese poder en educación es la escuela pública y la educación pública.

Partir del momento en que nos encontramos en la construcción del modelo de escuela pública es tomar en serio la realidad que construimos a través del proceso de conocer.

Las actuales políticas educativas, basadas en el núcleo de la doctrina neoliberal, llevan incorporadas el objetivo de la justificación de la misma a través de las reformas y la retórica de los gobiernos que las impulsan. 

En la perspectiva neoliberal los sistemas educativos se enfrentan a una crisis de eficacia, eficiencia y productividad. Para los planteamientos neoliberales todos los sistemas educativos han crecido cuantitativamente sin garantizar un incremento cualitativo similar. Sigue diciendo el neoliberalismo que la universalización de la educación se ha conseguido a expensas de un progresivo deterioro de la calidad y de los índices de productividad de las instituciones escolares.

Para él esto es consecuencia de una profunda crisis de gerencia, de “management” de las políticas educativas. Es una profunda crisis de calidad. Acusan a los gobiernos de incapaces para combinar cantidad y calidad y gestionar los recursos.

Se trata, según dicen, de hacer una asignación más eficaz de los mismos no de su aumento. De forma farisaica culpabilizan de ineficacia al sistema educativo por la exclusión y la marginalidad educativas que generan. Para ellos, combinar cantidad y calidad con criterios igualitarios y universales es una falsa premisa de los estados interventores y populistas.


La gran acusación del neoliberalismo, plasmada en el “Consenso de Washington”, nos dice que “la política se apoderó del espacio escolar al ser reconocido que éste debía funcionar como un ámbito fundamentalmente público y estatal” (Gentili). 

Para el neoliberalismo esto es lo que conduce a una inevitable falta de competitividad de la escuela, y existe crisis de calidad porque los sistemas educativos no se han configurado como verdaderos mercados escolares regulados por una lógica interinstitucional flexible y meritocrática. 

Así la crisis de calidad expresa la incapacidad del estado para administrar los sistemas educativos. Se trata de gastar mejor sin aumentar los presupuestos. La reforma administrativa propuesta por el neoliberalismo se orienta a desmantelar la educación pública y a transferirla a la esfera de la competencia privada. Craso error. 

La educación se reduce a mercancía lejos de los derechos sociales y se reconceptualiza la noción de ciudadano por la de propietario-consumidor que elige, opta y compite por comprar un conjunto de mercancías entre las que se encuentra la educación. 

Para el liberalismo los culpables de la crisis son el modelo de Estado “interventor” como principal culpable; los sindicatos de trabajadores de la educación porque han exigido al Estado lo que genera la crisis: más recursos, criterios igualitarios y expansión de la Escuela Pública. 

A esto se añade como culpable a la sociedad donde se ha asentado una profunda indisciplina social basada en la necesidad de construir una Escuela Pública, gratuita y de calidad para todos. Así se ha perdido el componente cultural que sustenta la competencia y el éxito o el fracaso fundados en criterios meritocráticos, se pierde la ética individual que reconoce el valor del esfuerzo.

Lo que se genera es un perezoso colectivismo delegando en el Estado paternalista la solución a los principales problemas de la vida diaria de los individuos.


“Desconfiar del Estado y de la sociedad es, así, el primer paso para reconocer que la transformación de la educación depende sólo de la capacidad, la inventiva, el esfuerzo y el mérito incesante de cada individuo (maestros, alumnos, personal no docente, padres, etc) para cambiar su propio trabajo en su propia escuela” (Gentili). 

Como vemos no es sencillo desenmascarar estas políticas que llevan a la destrucción de lo público y de la escuela pública porque el dominio ideológico que se ejerce de esta forma de ver la sociedad y la escuela es muy fuerte. 

Sabemos que los efectos de las políticas neoliberales en todos los campos del hacer humano están llevando a la sociedad a una situación de barbarie e injusticia que condena a gran parte de la humanidad a la marginación y a una vida profundamente deshumanizada porque se niega a la mayoría el acceso a una vida coherente con la dignidad humana. 

Hoy somos muchos los que entendemos que es posible repensar la propuesta del modelo de escuela pública como referente utópico en la perspectiva de lo “inédito viable” de Freire para recuperar la esperanza de que una nueva sociedad y una nueva escuela son posibles.

 Pero eso implica situarse en otra concepción radicalmente diferente a la dominante que nos lleva a atrevernos a pensar otra realidad que, si profundizamos, se encuentra inserta en la dinámica social actual y en las aspiraciones de gran parte de la humanidad.

RECUPERAR LOS SIGNOS

Cuando miramos a la escuela de titularidad pública y vemos en ella la presencia de todo tipo de alumnos, sin ninguna exclusión de entrada, percibimos los signos claves de lo que puede ser la Escuela Pública. Entendemos que cuando la enseñanza que imparte la escuela –referida tanto al todo como a las partes del subsistema de enseñanza donde pueda aplicarse la condición de 'pública– es para 'todos' sin exclusiones, es un servicio público. 

Pero sólo cuando el 'todos' que realiza la acción de enseñar y el 'todos' que realiza la acción de aprender es el 'pueblo', el mismo 'pueblo', entonces la escuela es una 'Escuela Pública' en el sentido pleno que damos al concepto 'público'.

En el modelo de 'Escuela Pública' el pueblo está, tanto en el lugar del beneficiario de la enseñanza, ya que al ser pública la enseñanza que imparte tiene que ser para todos, como en el lugar del beneficiante, del sujeto del poder colectivo que realiza la acción de enseñar.



Si la escuela, lugar y tiempo social sistémico organizado donde se enseña y donde se aprende, es pública, esa escuela es una organización democrática del pueblo estructurada en sistema para realizar la compleja actividad de enseñar y aprender en el proceso de reproducción social del pueblo que así se organiza. En la pretensión de progreso del sistema de enseñanza estatal para llegar a ser un sistema de enseñanza público, está ya, entre sus futuros posibles, la 'Escuela Pública' en tanto escuela popular y democrática, escuela de 'todos' y para 'todos'.

En el plural 'nosotros', en tanto diseño posible del 'pueblo' referente de lo 'público', está en potencia el proyecto de ser sujeto colectivo capaz de descubrir, elegir, proyectar, de producir y llegar a realizar el futuro posible de 'pública' que hoy tiene una escuela estatal.

En las carencias educativas y en los deseos de conocimiento que motivan la reflexión sobre nosotros/pueblo está la 'escuela pública' capaz de colmarlas y de satisfacerlos y, por ello, en el avance desde la ignorancia al conocimiento hay una posible evolución hacia el progreso.

Como se señalaba en otro momento (Fernández de Castro y Rogero), la clave razonable del optimismo se encuentra en que el 'todos', además de estar como referente de 'lo público' en el sistema de enseñanza y en la escuela como significado 'pueblo', es capaz de serlo, porque potencialmente es capaz de dotarse de una organización democrática y de tener comportamientos democráticos cuando se trata de la dimensión pública de la enseñanza como colectivo de:
  • Ciudadanos con capacidad para organizarse como poder social democrático.
  • Profesores y alumnos, activo y con capacidad y para coordinarse solidariamente en tanto sujeto colectivo democrático para enseñar y aprender.
  • Personas diferentes con capacidad de comportarse en armonía, en el respeto y la tolerancia. Si embargo, el panorama que se vive en la educación pública es de desconcierto e insatisfacción en el profesorado, sobre todo en la etapa de educación secundaria, sintiéndose abatido al tratar de proponerse la titánica tarea de educar a todos como lo hacía con las élites de hace treinta años. Los cambios que han sucedido en la sociedad y en el propio sistema educativo parecen no tener implicaciones en su trabajo diario. 
  • Aunque el gran triunfo de la sociedad actual es la incorporación de todos sin exclusión al sistema educativo, la realidad es que éste expulsa a prácticamente los mismos que la sociedad excluye.
Muchos denunciamos que esta dictadura sin dictador que vivimos en la sociedad neoliberal globalizada (Forrester) debe llevarnos a la urgencia de hablar de la mentira de esta sociedad cuyo sistema económico y educativo es una fábrica de excluidos hasta el punto de que se pretende prescindir de los seres humanos haciéndolos invisibles.

El primer paso se da en el sistema educativo y se consolida en los medios de comunicación. Con el currículum actual el sistema educativo condena a la ignorancia a una parte importante de los ciudadanos expropiándoles la capacidad de “conocer”.

El conocimiento disciplinar en su actual estructuración dentro del currículo escolar lleva a la ignorancia (Morin). La desorganización de la información, la incapacidad de transformarla en conocimiento se ve acompañado de un modelo curricular selectivo y erudito que no ayuda nada en la tarea educativa.

La lejanía del sistema educativo de la realidad en la que se construye la identidad del alumnado que se propone educar lleva a una situación esquizofrénica progresiva a los que no acaban de entender qué está pasando.



Los medios de comunicación dedicados a la formación de los ciudadanos, como imbéciles integrales incapaces de discernir, tienen especial incidencia en los niños y jóvenes y juegan un papel central en la configuración y organización de sus estructuras mentales.

A la vez el sistema educativo se descubre por muchos como el espacio privilegiado para el desarrollo de ciudadanos capaces de significar la realidad desde sí mismos organizando la información para transformarla en conocimiento humano y éste en capacidad de respuesta a los problemas que la vida le plantea de forma individual y colectiva.

Ello requiere la reforma profunda del pensamiento y de las actitudes éticas del profesorado en un compromiso generoso con la sociedad en la que vive.




FRANKY "´POR LA MEJORÍA Y DEFENSA DE LA EDUCACIÓN PUBLICA" CYBORG

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